Por Elizabeth McBride, CNN
Cuando los viajeros se dirigen al valle de Pankisi, las advertencias suelen comenzar antes de llegar, por lo general en boca de un taxista preocupado que no está seguro de si debería llevar turistas a este destino remoto.
“‘¿Por qué van allá? ¿Qué están haciendo? No sé, no es seguro para ustedes’, dicen los conductores”, cuenta Khatuna Margoshvili, propietaria de una casa de huéspedes en este valle agreste y hermoso.
Pankisi, en Georgia —el antiguo país soviético más allá del extremo oriental de Europa—, ha cargado durante mucho tiempo con una reputación moldeada más por titulares que por el turismo. A comienzos de la década de 2000, chechenos que huían de la guerra de Moscú en su territorio utilizaron el valle como refugio. Rusia alegó que algunos eran exmilitantes.
Tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos afirmó que operativos de Al Qaeda estaban presentes en Pankisi y especuló que Osama bin Laden se encontraba entre ellos, acusaciones que nunca fueron probadas. El estigma se profundizó en la década de 2010, cuando ISIS reclutó a decenas de residentes del valle.
Hoy la historia es distinta, como están descubriendo quienes se animan a visitarlo. Un informe de 2023 de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) describió a Pankisi como “pacífico”, y las búsquedas en línea sobre el valle arrojan ofertas de paseos a caballo, talleres de fieltro y clases para preparar khinkali, en lugar de reportes sobre extremismo islámico.
Y aunque el Departamento de Estado de EE.UU. sigue advirtiendo a sus ciudadanos sobre viajar a la región, muchos aun así hacen el recorrido.
“En los últimos dos o tres años, el 80 % de nuestros huéspedes han venido de Estados Unidos”, dice Margoshvili.
El turismo en Pankisi sigue siendo relativamente nuevo y limitado en comparación con otros destinos más consolidados de Georgia. Pero el interés ha crecido a medida que surgieron alojamientos y operadores turísticos comenzaron a incluir el valle en sus itinerarios.
Karolina Zygmanowska, guía de Weekend Travelers Georgia, empezó a organizar recorridos a Pankisi hace dos años.
“La gente pedía el tour, así que empezamos a hacerlo. El interés surgió después de saber que se habían abierto varias casas de huéspedes allí”, explica. “Tienen su propia comunidad, su propia cultura; incluso su comida es un poco diferente a la de otras partes de Georgia”.
La mayoría de las familias que viven en el valle son kists, descendientes de colonos chechenos e ingush que migraron a Georgia en el siglo XIX. Hablan checheno, además de georgiano y, a veces, ruso. Siguen tradiciones musulmanas sufíes y suníes en un país mayoritariamente cristiano ortodoxo.
Cada viernes, mujeres de todo el valle se reúnen en la Mezquita Vieja del pueblo de Duisi para realizar el zikr, un rito arraigado en el misticismo sufí. Las participantes se mueven en círculo, cantando, entonando y aplaudiendo a medida que el ritmo aumenta gradualmente. Pankisi es el único lugar donde las mujeres realizan el zikr, y los visitantes pueden pedir observar la ceremonia.
Pankisi está cerca de Tusheti, una región montañosa ya popular entre excursionistas, pero el turismo en el propio valle apenas empieza a tomar forma. En la última década, iniciativas comunitarias —muchas con apoyo de ayuda extranjera— han ayudado a construir desde cero una pequeña industria turística.
Para algunos residentes, la motivación para abrirse a los turistas fue más allá de los ingresos. Margoshvili es integrante de la Asociación de Turismo y Desarrollo del Valle de Pankisi (PVTDA), fundada en 2018 por un grupo de mujeres que esperaban que el turismo ayudara a cambiar la percepción del valle.
Sus esfuerzos atrajeron atención internacional. En 2020, Lonely Planet incluyó a Pankisi en su guía de Georgia, Armenia y Azerbaiyán. Ese mismo a