¿Por qué EE.UU. atacó Venezuela y capturó a Maduro? Esto es lo que pasó

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Por Stefano Pozzebon, Simone McCarthy, Osmary Hernández y Mary Triny Mena, CNN

El presidente de EE.UU., Donald Trump, anunció la madrugada del sábado que Estados Unidos llevó a cabo un “ataque a gran escala contra Venezuela” y que el ahora presidente derrocado de Venezuela, Nicolás Maduro, y su esposa habían sido capturados, un acontecimiento impactante que sumió al país en la incertidumbre tras semanas de creciente tensión.

Dos días después de que Donald Trump dijera en una conferencia de prensa que EE.UU. administraría Venezuela, quien era la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, juró formalmente como presidenta encargada de Venezuela.

“Ahora vamos a administrar el país hasta que podamos llevar a cabo una transición segura, adecuada y prudente”, había dicho Trump el sábado en un mensaje en vivo desde su club Mar-a-Lago, en Florida.

Este lunes tuvo lugar la primera audiencia en una corte federal estadounidense, en Nueva York, en el caso contra Maduro y su esposa, Cilia Flores. Tanto Maduro como su esposa se declararon inocentes de los cargos de tráfico de drogas y de posesión armas presentados en su contra y optaron, por el momento, por no impugnar su detención.

Esto es lo que sabemos:

Durante la madrugada del sábado, un equipo de CNN presenció varias explosiones y escuchó el sonido de aeronaves en Caracas, la capital venezolana, e informó que algunas zonas de la ciudad se encontraban sin electricidad.

Videos verificados por CNN mostraron helicópteros sobrevolando Caracas, con columnas de humo elevándose hacia el cielo nocturno.

La primera explosión presenciada por el equipo de CNN se registró aproximadamente a la 1:50 a. m. hora local (12:50 a. m., hora de Miami).

Varias zonas de la ciudad quedaron sin electricidad, y los periodistas de CNN en la capital escucharon el sonido de aviones tras las explosiones.

Poco tiempo después de que se escucharan las explosiones, Donald Trump confirmó en la red social Truth Social que Maduro y su esposa habían sido sacados por la fuerza de su dormitorio por personal estadounidense durante el operativo militar que condujo a su captura. La pareja fue detenida en plena noche mientras dormía, según las fuentes. Maduro fue rápidamente arrastrado cuando intentaba huir a su habitación segura reforzada con acero.

Ya en Nueva York, Maduro fue recluido en el Centro de Detención Metropolitano (MDC, por sus siglas en inglés) de Brooklyn, una prisión federal conocida por ser una de las más infames de Estados Unidos.

El mismo sábado del ataque, Donald Trump brindó una conferencia de prensa en la que aseguró que, tras la operación militar, Estados Unidos administraría Venezuela. “Administraremos el país hasta que podamos hacer una transición segura, adecuada y juiciosa”, declaró durante una conferencia de prensa desde su club Mar-a-Lago, en Florida.

“No queremos tener que ver con la llegada de alguien más al poder y que se repita la misma situación que hemos vivido durante los últimos años. Así que vamos a administrar el país”, agregó. Trump no especificó cuánto tiempo anticipaba que tomaría dicha transición de poder.

En ese mismo discurso, el presidente adelantó que fomentaría la instalación e inversión de empresas estadounidenses petroleras en Venezuela. “Vamos a hacer que nuestras grandes compañías petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen la infraestructura petrolera”, declaró.

El jefe de la Casa Blanca confirmó también que planea tomar el control de las enormes reservas de petróleo del país sudamericano, su principal riqueza natural, y consideró que el negocio petrolero en Venezuel

El nuevo teléfono de Samsung parece sacado de una película de ciencia ficción

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Por Lisa Eadicicco, CNN

Durante años, las series de ciencia ficción han mostrado computadoras futuristas con pantallas que cambian de forma y se pliegan o expanden según la situación. Ahora, Samsung apuesta por ese concepto para intentar marcar el futuro de los smartphones.

El nuevo Samsung Galaxy Z Trifold se pliega en dos lugares, casi como un folleto, para guardar una pantalla del tamaño de un iPad en tu bolsillo.

Samsung lo presentó a la prensa el domingo en la conferencia de tecnología CES de Las Vegas. Todavía no tuvo su lanzamiento en EE.UU. aunque sí se lanzó en cantidades limitadas en su mercado local, Corea del Sur. La idea es prometedora, aunque no exenta de concesiones, como es habitual en nuevos dispositivos como estos.

El teléfono es impresionantemente delgado como una tableta, pero tosco como un teléfono. Y casi con toda seguridad será demasiado caro para atraer a muchos usuarios pioneros, por no hablar del comprador promedio de smartphones. (Samsung aún no ha anunciado el precio, pero su Galaxy Z Fold 7, con una pantalla más pequeña que se pliega por la mitad en lugar de en tercios, tiene un precio inicial de US$ 2.000).

Sin embargo, puede que no importe que el teléfono no se popularice. Es un esfuerzo del mayor fabricante de smartphones del mundo para demostrar que los dispositivos rectangulares que miles de millones de personas venden no han alcanzado su máximo potencial y aún tienen un largo camino por recorrer. Liz Lee, directora asociada de Counterpoint Research, declaró en un correo electrónico a CNN que el teléfono probablemente sea un “proyecto piloto estratégico” para probar cómo la nueva tecnología se integra con los consumidores.

Y dado que Samsung es el principal fabricante de teléfonos del mundo y casi todas las marcas de teléfonos Android han seguido sus pasos con teléfonos plegables con forma de libro, incluso productos relativamente raros como estos pueden tener peso.

El objetivo de Samsung con el Galaxy Z TriFold es ofrecer una pantalla que se hace más grande cuando la necesitas y más pequeña cuando quieres llevarla contigo, basándose en su modelo exitoso Galaxy Z Fold.

El TriFold tiene una pantalla de más de 25 centímetros que se pliega en dos lugares como un folleto, en comparación con la pantalla de 20 centímetros del Galaxy Z Fold 7 que se pliega por la mitad.

Samsung asegura que el nuevo teléfono está dirigido a aquellos que usan su dispositivo principalmente para trabajar y ser productivos, y es fácil entender por qué lo dice.

Además de ejecutar aplicaciones en modo de pantalla dividida, la pantalla del Galaxy Z TriFold también se comporta de forma más similar a la de una PC, lo que permite ejecutar aplicaciones como ventanas de escritorio que se pueden redimensionar y arrastrar por la pantalla según sea necesario. Emparejar el teléfono con un teclado y un mouse Bluetooth podría convertirlo en una alternativa viable a una miniportátil para algunos.

El asistente Gemini de Google también puede responder preguntas sobre múltiples aplicaciones que se utilizan en la pantalla, dijo Samsung, lo que potencialmente hace que sea más fácil hacer malabarismos con las aplicaciones con menos toques y deslizamientos.

Pero mantén tus expectativas bajo control. Aunque el dispositivo se siente casi tan fino como el papel al abrirlo, al cerrarlo es como tener dos teléfonos apilados.

Aun así, Samsung, en cierto modo, ha tenido un comienzo más sólido con el Galaxy Z TriFold que con los primeros smartphones plegables. Las primeras generaciones de estos dispositivos tenían cámaras inferiores a las de los teléfonos estándar sin pliegues y un pliegue visible en el centro, entre otras deficiencias.

Las cámaras del TriFold son similares a las de los telé

Por qué pasé una semana en una isla del Pacífico Sur con el esposo de mi mejor amiga

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Por Terry Ward, CNN

Le pregunto a Andy Cory cómo llegó a vivir en la remota isla de Niue, en el Pacífico Sur, cuidando colmenas repletas de una de las poblaciones de abejas más aisladas del mundo.

Con unos 259 kilómetros cuadrados, ubicada aproximadamente entre las islas Cook y Fiji y con menos de 2.000 habitantes, Niue está realmente lejos de todo.

Pero el imponente neozelandés, vestido con un traje de apicultor manchado de pintura, que respondió a un aviso para apicultores a finales de los años 90 y hoy es conocido como el “Hombre de la miel de Niue”, también tiene preguntas para mí y para mi compañero de viaje.

“¿Tú eres el esposo de Instagram, cierto?”, le pregunta a Jake, el hombre apuesto a mi lado, con el físico de un surfista de toda la vida y la humildad de alguien que definitivamente no es un esposo de Instagram.

“Sé lo que es eso. Yo también lo soy”, bromea Cory con un marcado acento kiwi, los ojos azul glaciar brillándole con una sonrisa pícara. “Solo tienes que verte despeinado por el viento y mantenerte interesante, ¿no?”.

Jake y yo nos reímos.

No, no estamos juntos, le decimos a Cory.

La esposa de Jake, Sandy, es una de mis mejores amigas. Y Jake también resulta ser el mejor amigo de mi exnovio, agrego.

Sandy está en casa, en Nueva Zelandia, con su caniche, y mi esposo está en Florida con nuestros hijos, le explico al Hombre de la miel, que recibe la noticia con total naturalidad.

Jake y yo nos conocemos desde hace 25 años. Hemos viajado juntos —en grupo de cuatro, con Sandy y mi ex, Chris— en muchas ocasiones, pero esta es la primera vez que vacaciono sola con Jake.

“Bueno, eso es muy contemporáneo de su parte”, dice Cory.

Jake y yo terminamos solos en este atolón que se eleva abruptamente desde el océano Pacífico Sur y luego se aplana en la cima, como un pastel de cumpleaños, porque teníamos algunas cosas en común —entre nosotros y también con el grupo de pasajeros de nuestro vuelo—.

Los únicos vuelos comerciales a Niue, una nación autogobernada en libre asociación con Nueva Zelandia, llegan desde Auckland, a unos 2.156 kilómetros al suroeste, a bordo de Air New Zealand.

Nuestro vuelo estaba lleno de turistas, en su mayoría neozelandeses, que habían llegado para tener la oportunidad de hacer snorkel con ballenas jorobadas que migran a pocos metros de los acantilados de la isla cada año entre julio y septiembre, en su viaje hacia el norte desde la Antártida.

Ahí es cuando el breve destello de temporada turística de Niue, que coincide con el invierno del hemisferio sur, entra en pleno auge. El avistamiento de ballenas jorobadas lanzando chorros de agua o mostrando la cola desde la terraza frente al mar del único hotel de la isla, el Scenic Matavai Resort, es tan común que una “campana de ballenas” suena casi sin parar para alertar a los huéspedes y hacerlos levantar la vista de sus cócteles y sillas junto a la piscina.

Desde que tenemos memoria, Jake y yo, ambos amantes del océano (él, surfista de toda la vida; yo, buzo con tanque desde siempre), habíamos soñado con nadar junto a ballenas.

Y durante la increíble —y completamente platónica— semana que pasé viajando con un hombre casado siendo yo una mujer casada, en compañía de más ballenas jorobadas de las que podíamos contar, me descubrí deseando que este tipo de arreglos de viaje fueran más comunes en nuestros tiempos actuales.

Cumplí 50 años en octubre, en tiempos inquietantes.

Conversaciones en las que antes habría entrado sin problema, lejos de la polarización de casa, se habían convertido en minas terrestres que esquivar en medio de charlas con vecinos y amigos en Florida. Nunca me había sentido tan desgastada por el día a día.

Mi carrera como escritora de viajes, con décadas de experiencias con personas y lugares de las que sacar historias, se veía amenazada por la inteligen

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