Por Jacqui Palumbo, CNN
Fue presidenta del Museo de Arte Moderno de Nueva York durante más de una década, donó más de 1.800 obras de arte a diversas instituciones a lo largo de su vida y, en una ocasión, vendió su cuadro más preciado de Lichtenstein por US$ 165 millones para financiar una importante iniciativa contra el encarcelamiento.
Siete años antes de la muerte de la mecenas y líder artística Agnes Gund —a los 87 años, en otoño de 2025—, The New York Times publicó un artículo sobre su trayectoria filantrópica con el titular “¿Es Agnes Gund la última persona rica y bondadosa?”.
Es muy posible que así sea, ya que el artículo señalaba que, para entonces, ella había dedicado décadas a donar su fortuna a las artes, así como a la investigación del SIDA y a grupos defensores de los derechos reproductivos.
La generosidad a esa escala se ha convertido en una rareza, dado que la riqueza se ha concentrado cada vez más en la cima, y los multimillonarios tecnológicos que construyen búnkeres parecen menos interesados en las artes y la cultura que las generaciones adineradas anteriores, a menos que sea para comprar la Met Gala.
La colección de arte de Gund, al igual que su flujo de caja, era muy variable.
En sus últimos años, gran parte de su colección había sido prometida a museos. Pero la próxima semana, tres obras de Cy Twombly, Joseph Cornell y Mark Rothko que colgaban en su casa del Upper East Side —esta última expuesta al público solo una vez— podrían venderse por casi US$ 150 millones en conjunto.
La colección de Agnes Gund se subastará el 18 de mayo como parte de la subasta nocturna de arte de los siglos XX y XXI que Christie’s celebra en Nueva York.
“Ella daba prioridad a los artistas”, declaró Sara Friedlander, quien preside el departamento de “Arte de posguerra y contemporáneo en las Américas” de Christie’s. “Sus relaciones con los artistas eran fundamentales para ella, y así fue como pudo adquirir obras tan increíbles”.
Rothko creó “N.º 15 (Dos verdes y raya roja)”, una monumental obra de negro intenso y verde oscuro con vetas rojas, en 1964. Ese mismo año, comenzó los 14 paneles oscurecidos de la Capilla Rothko en Houston, su última obra antes de su muerte en 1970.
Según Christie’s, Gund la compró directamente al artista en su estudio; aunque ella buscaba una composición más clara, él le propuso otra.
Tras adquirir la obra, esta permaneció en su apartamento, salvo por un breve préstamo de un mes en 1972 al Museo de Arte de Cleveland, que ella había visitado con frecuencia de niña en Ohio.
Adquirió la pintura sin título de Twombly, realizada en 1961 durante su período en Roma, en 1988, y el Cornell, un ensamblaje de cajas de madera de su serie “Médicos”, en 1980.
“Estos eran los cuadros y los objetos con los que ella simplemente quería convivir a diario”, declaró Friedlander. “Cuando entrabas en su sala de estar, te sentabas en el sofá y veías el Rothko a tu derecha y el Twombly justo enfrente, sobre la chimenea”.
Las estimaciones más altas se sitúan en el extremo superior de las ventas en subasta pública de cada artista.
La obra de Twombly podría venderse por hasta US$ 60 millones (récord: US$ 70,5 millones), mientras que la de Cornell podría alcanzar los US$ 5 millones (récord: US$ 7,8 millones).
El cuadro de Rothko, con una estimación de US$ 80 millones, podría vivir una noche histórica si supera la espectacular venta de 2012 de “Orange, Red, Yellow”, que, con US$ 86,8 millones, se convirtió en la obra de arte contemporáneo más cara jamás vendida en subasta pública. (Sin embargo, en ventas privadas, el récord de Rothko asciende a la asombrosa cifra de Read more