Análisis por Stephen Collinson, CNN
La cumbre de Donald Trump con el líder de China, Xi Jinping, esta semana es un evento culminante destinado a demostrar la huella imborrable del presidente en la historia mundial.
Pero si bien la pompa china lo presentará como un estadista honrado, la visita también mostrará cómo algunas de las decisiones de Trump, incluida una guerra con Irán que no puede terminar, corren el riesgo de socavar su autoridad y el poder estadounidense.
Una situación global tumultuosa, creada conscientemente por el presidente estadounidense, constituirá el telón de fondo de esta cumbre, a diferencia de cualquier otra reunión entre líderes estadounidenses y chinos desde que el presidente Richard Nixon impulsara a China al escenario mundial en la década de 1970.
Las cumbres entre Estados Unidos y China han buscado durante mucho tiempo la estabilidad en la que se ha convertido en la relación diplomática más importante del mundo. Pero Trump es la antítesis de la estabilidad: ha convertido a Estados Unidos en una de las principales fuentes de inestabilidad a nivel mundial.
Trump también ha debilitado los pilares tradicionales de la primacía estadounidense, incluyendo el libre comercio, las alianzas y un orden internacional que favorece a Washington.
El presidente ve esta transformación como una afirmación del poder estadounidense sin reservas y de la libertad de acción unilateral.
Los críticos la consideran un acto de autosabotaje que neutraliza las ventajas globales de Estados Unidos justo cuando la supremacía estadounidense se ve puesta a prueba en múltiples frentes por una China en ascenso.
El fracaso del presidente en lograr una victoria contundente en Irán y las catastróficas repercusiones económicas mundiales de su guerra plantean nuevas dudas sobre el poder estadounidense, que China podría intentar aprovechar.
El último desaire de Irán a la búsqueda de un acuerdo y una salida por parte de Trump, el lunes, desmiente sus afirmaciones de que está a punto de ceder.
El desafío de una potencia menor frente al poderío estadounidense lo deja en una posición de debilidad personal.
Trump se reunió con su equipo de seguridad nacional el lunes por la noche. CNN citó fuentes que indicaban que el presidente estaba considerando con mayor seriedad que en las últimas semanas la reanudación de las acciones militares contra Irán.
Mientras tanto, Teherán envió un mensaje provocador al presidente antes de su viaje.
“Señor Trump, no se imagine que aprovechando la actual calma de Irán podrá entrar triunfalmente en Beijing”, declaró Ali Akbar Velayati, asesor del nuevo líder supremo, según un informe de la agencia de noticias semioficial iraní Tasnim.
La guerra ofrece desafíos y oportunidades para China.
Si bien la administración quiere apoyarse en sus aliados nominales en Teherán, su descontento por el cierre del estrecho de Ormuz —una importante ruta de suministro para sus importaciones de petróleo— podría, en cambio, ejercer presión sobre Trump.
Además, cualquier ayuda diplomática que China ofrezca probablemente vendrá con condiciones, ya sea en materia comercial o incluso en un asunto que Beijing considera existencial: sus reivindicaciones de soberanía sobre Taiwán.
“Estas no son las condiciones estratégicas que