Análisis por Aaron Blake, CNN
Hace un mes, el presidente Donald Trump celebró sin pudor la muerte del exdirector del FBI, Robert Mueller. “¡Bien, me alegro de que esté muerto!”, dijo Trump. “¡Ya no puede hacer daño a gente inocente!”.
El lunes, Trump y su Casa Blanca respondieron al tiroteo ocurrido este fin de semana durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca, criticando la supuesta retórica inaceptable de los demócratas y calificándolos de “culto al odio”.
¿Su principal ejemplo de este tipo de retórica? El comediante de ABC, Jimmy Kimmel, contó un chiste que se burlaba de la posible muerte de Trump. Días antes del tiroteo de este fin de semana, Kimmel bromeó diciendo que la primera dama Melania Trump tenía “un brillo como el de una viuda embarazada”.
Por lo visto, está bien que Trump celebre la muerte de un funcionario público, lo que no está bien es que Jimmy Kimmel haga bromas sobre la muerte de Trump.
El tiroteo ocurrido durante la cena de este fin de semana ha vuelto a llevar a Trump y a su Casa Blanca a centrarse en la retórica de los demócratas, a pesar del historial de Trump de utilizar un discurso sumamente ofensivo.
Los republicanos, en gran medida, están repitiendo el mismo juego de culpas que iniciaron tras el asesinato de Charlie Kirk el año pasado.
Hasta el momento, la estrategia no parece haber funcionado. Las encuestas muestran que los estadounidenses, en general, consideran que la retórica de la derecha es más violenta y peligrosa.
Pero el agua se está volviendo más turbia.
Los episodios de violencia política se han convertido casi en una especie de juego de “elige tu propia aventura” en el que muchas personas, de ambos bandos, parecen adoptar narrativas atractivas pero falsas sobre las motivaciones que hay detrás de la violencia política.
Y eso puede llevar a situaciones desagradables.
“Esta violencia política proviene de una demonización sistemática de [Trump] y sus seguidores por parte de comentaristas, sí, de miembros electos del Partido Demócrata, e incluso de algunos medios de comunicación”, declaró el lunes la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt. “Esta retórica de odio, constante y violenta dirigida contra el presidente Trump, día tras día durante 11 años, ha contribuido a legitimar esta violencia y a llevarnos a este oscuro momento”.
Lo primero que cabe señalar es que las declaraciones definitivas sobre las supuestas motivaciones de los tiradores en esta etapa temprana suelen ser, en el mejor de los casos, especulativas.
A menudo, surgen informes que sugieren que los perpetradores tenían problemas de salud mental.
El presunto agresor, Cole Tomas Allen, aparentemente dejó un rastro documental que proporciona pistas sobre su posible motivación, incluyendo publicaciones en redes sociales que comparaban a Trump con Adolf Hitler e incitaban a otros críticos de su presidencia a comprar armas.
Pero al igual que con el asesino de Charlie Kirk, es difícil trazar una línea tan directa hasta que se tenga más información.
En segundo lugar, si bien es totalmente válido pensar que fue una pésima idea que Kimmel bromear