Por Kasha Patel, CNN
Se espera que los incendios forestales lleven aire insalubre a más de 120 millones de personas este fin de semana, pero el humo y sus partículas tóxicas no siempre son claramente visibles. En algunos lugares, el horizonte queda cubierto por evidentes tonos anaranjados anormales y un tenue olor a quemado. En otros, el cielo puede no mostrar ninguna señal visible de que algo anda mal en la atmósfera, pero eso no significa necesariamente que el aire sea seguro.
“El hecho de que hoy el cielo se vea un poco menos marrón o anaranjado no significa necesariamente que el humo ya no esté ahí”, dijo Dan Westervelt, científico atmosférico de la Universidad de Columbia.
La visibilidad del humo puede verse afectada por varios factores, entre ellos los compuestos químicos y las partículas que contiene, el tiempo que la columna de humo ha permanecido en la atmósfera, las condiciones meteorológicas y el ángulo del Sol.
Aunque el ojo humano no siempre puede percibir el peligro, los monitores de calidad del aire pueden medir con precisión la cantidad de contaminantes presentes en la atmósfera. Por eso es importante seguir las recomendaciones de seguridad de las autoridades locales —como permanecer en interiores, utilizar filtros de aire y usar una mascarilla N95— incluso si el cielo parece despejado.
Los científicos afirman que el humo de los incendios forestales es mucho más de lo que se puede ver a simple vista y que aquello que no se puede observar también puede causar daños.
Cuando un árbol arde, el calor descompone el material vegetal y libera gases inflamables. Algunos de esos gases reaccionan con el oxígeno y se convierten en dióxido de carbono y vapor de agua. Sin embargo, si el incendio no dispone de suficiente oxígeno para quemarlos por completo, puede producir un humo más denso, cargado de incontables partículas diminutas y compuestos químicos.
El característico color amarillo, anaranjado y marrón del humo de los incendios forestales proviene de un grupo de contaminantes conocido como “carbono marrón”, un término que engloba miles de compuestos, explicó Westervelt. Estos contaminantes tiñen el cielo porque absorben la luz solar en longitudes de onda más cortas —las responsables de los tonos azules y la radiación ultravioleta— y permiten que las longitudes de onda más largas, asociadas con los colores rojo, amarillo y naranja, atraviesen la atmósfera y lleguen a nuestros ojos.
El carbono marrón forma parte de una categoría de contaminantes conocida como material particulado 2,5 (PM2,5), llamado así porque sus partículas miden aproximadamente 2,5 micrómetros de diámetro, unas 30 veces menos que el grosor de un cabello humano. Estas partículas finas pueden evadir las defensas naturales del organismo y penetrar profundamente en los pulmones, lo que puede provocar problemas respiratorios o cardiovasculares.
Las partículas PM2,5 representan una de las amenazas más graves para la salud, de ahí las advertencias para permanecer en interiores con sistemas adecuados de filtración de aire. Además, pueden desplazarse cientos de kilómetros y permanecer suspendidas en la atmósfera durante días o incluso semanas.
Los incendios forestales también liberan gases de hidrocarburos como benceno, tolueno, xilenos y etilbenceno, que “son contaminantes atmosféricos peligrosos por sí mismos”, señaló Westervelt. Sin embargo, explicó que esos gases pueden experimentar transformaciones químicas adicionales en la atmósfera y convertirse en carbono marrón y partículas PM2,5.
El humo también contiene una categoría más grande de contaminantes conocida como material particulado 10 (PM10), cuyas partículas son aproximadamente siete veces más pequeñas que el grosor de un cabello humano. Aunque siguen siendo microscópicas y también pueden atravesar la nariz y la garganta para afectar el sistema respiratorio y cardiovascular, estas partículas caen al