Por Adam Cancryn, CNN
El presidente Donald Trump insiste en que está dispuesto a librar una guerra con Irán “para siempre”.
Pero apenas unos días después de iniciados los combates, muchos de quienes lo rodean ya están ansiosos por terminar el conflicto.
El ataque de Estados Unidos a Irán ha avivado temores entre los colaboradores y asesores de Trump sobre las consecuencias políticas de verse arrastrados a una guerra prolongada sin un desenlace claro y con poco respaldo de la opinión pública, según varias personas familiarizadas con el asunto.
El conflicto ya se ha cobrado la vida de seis estadounidenses, y las autoridades se preparan para que la cifra aumente en los próximos días. El mercado bursátil atraviesa turbulencias y los precios de la gasolina están subiendo, lo que pone en riesgo pilares clave del mensaje de Trump de cara a las elecciones de mitad de término. Y dentro del Gobierno, los colaboradores aún intentan explicar por qué el país fue a la guerra y qué es lo que viene después.
“Es un riesgo político, sin peros ni excusas”, dijo un asesor de Trump sobre la guerra que el presidente ha pronosticado que podría continuar durante semanas. “Esperemos que no salga nada muy mal. Porque si eso ocurre, va a ser un problema”.
Trump ha presentado los ataques iniciales como un éxito abrumador y los ha descrito como una prueba del poderío militar de Estados Unidos y una justificación de su decisión de abandonar la diplomacia en favor de una demostración de fuerza.
Se ha mostrado particularmente enérgico ante la muerte del líder supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, así como con la destrucción de objetivos clave destinados a diezmar las ambiciones nucleares del país y abrir la puerta a un cambio de régimen.
Aun así, mientras Trump ha interpretado ese progreso inicial como una señal de que el público podría respaldar una ofensiva continuada, algunos asesores y aliados cercanos sostienen en privado lo contrario, mientras lo presionan para acelerar los plazos y declarar la victoria tan pronto como pueda hacerlo de manera creíble.
La guerra con Irán es ampliamente impopular en las primeras encuestas que salieron al respecto, ya que los votantes desconfían de otro enredo en Medio Oriente y no tienen claros los objetivos del Gobierno.
También ha provocado una división entre figuras destacadas del movimiento MAGA, construido en parte sobre la promesa de Trump en 2016 de “abandonar la fallida política de construcción de naciones y cambio de régimen”, lo que alimenta temores de que el rechazo pueda extenderse eventualmente a la base más amplia de Trump.
Esas tendencias preocupantes probablemente empeoren a medida que aumente el número de muertos y el riesgo de una guerra regional más amplia permanezca en primer plano, han advertido aliados y asesores, lo que pone aún más en peligro las ya escasas posibilidades de Trump y del Partido Republicano de evitar una debacle en las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
“Nadie cree que esta guerra sea popular”, dijo Matthew Bartlett, estratega republicano y exfuncionario del Departamento de Estado durante el Gobierno de Trump. “En el mejor de los casos, esto es una distracción de la prioridad de la economía. Pero en el peor, podría ser un desastre político y podría ser un desastre por generaciones en Irán y