Por Karen Esquivel, CNN en Español
Una mezcla de orgullo entre el país que los vio nacer y crecer y las raíces japonesas inculcadas por sus padres y adoptadas por ellos mismos distingue la comunidad nikkei en México, un término que nombra a los descendientes de inmigrantes japoneses que se han establecido en distintas partes del mundo.
“Yo me siento muy orgullosa de ser mexicana de nacimiento, de corazón, y de tener el origen japonés”, dice a CNN María Teresa Kasuga Osaka, de 77 años.
La empresaria de la industria del juguete nació en México. Su padre Tsutomu Kasuga llegó a San Luis Potosí, en el centro-norte del país, en 1930, procedente de la prefectura de Nagano, debido a la complicada situación económica que atravesaba Japón en la época.
“Para mí, México es el número uno, pero amo y estoy muy orgulloso de mis raíces japonesas”, cuenta Francisco Kobayashi, presidente de la Asociación México Japonesa de Guadalajara, cuyo abuelo llegó a la capital jalisciense alrededor de 1915 por necesidad económica. “Mi papá nos contaba que Japón estaba en una época de mucha necesidad y eso fue lo que lo hizo venir”, detalla.
Como ellos, se estima que en México hay más de 79.000 personas nikkei, una comunidad que no solo crece en número sino también en diversidad y que se ha asentado desde el norte hasta el sur del país.
La historia de la migración japonesa a México se remonta a 1897, cuando más de 30 jóvenes japoneses arribaron al estado de Chiapas, en el sureste de México, por un convenio firmado durante el gobierno de Porfirio Díaz (1876-1911) con el objetivo de levantar una finca cafetalera, según el historiador especializado en estudios japoneses, Sergio Hernández.
Señala que “llegaron a México ante el ofrecimiento de mejores salarios y condiciones de trabajo que no se ofrecían en Japón” y que se asentaron principalmente en Baja California, Chiapas, Chihuahua, Ciudad de México, Coahuila, Jalisco, Sonora y Sinaloa.
Pero fue en Chiapas, en el municipio de Acacoyagua, región de Soconusco, donde los migrantes pioneros consolidaron su comunidad más emblemática. A pesar de que su objetivo de cultivar café fracasó, otros cultivos prosperaron y con los años establecieron los servicios necesarios para su continuidad y crecimiento a través de las nuevas generaciones.
Desde la llegada de los primeros japoneses se han registrado siete oleadas de migración a México, que iniciaron con los migrantes campesinos y de otras industrias y quienes llegaron a raíz de la Segunda Guerra Mundial y ha continuado con los hijos y nietos de esos migrantes, dice a CNN Ruth Hernández, fundadora de la organización “Mujeres Nikkei de México”.
Las distintas generaciones de japoneses —desde los inmigrantes nacidos en Japón y sus hijos nacidos fuera del país, hasta los bisnietos de los inmigrantes— tienen denominaciones diferentes: issei para la primera generación; nissei para la segunda, sansei para la tercera, y yonsei para la cuarta.
Kasuga —segunda generación— recuerda que sus papás adoptaron nombres mexicanos para poder acoplarse mejor a la vida en el país al que habían llegado. A su papá, Tsutomu Kasuga, lo llamaron Carlos y su mamá, Mitsuko Osaka, la nombraron Esperanza.
Dice que tuvo una infancia bicultural. Sus padres le enseñaron a hablar japonés, pero en la escuela aprendió español y su madre preparaba comida japonesa y aprendió a hacer platillos mexicanos.
“Mi madre decidió que en la casa solo se hablaría japonés, en esa época no había nada de comida japonesa en ningún lugar, pero ella hacía todo completamente: pasta de soya,