Por Mostafa Salem, CNN
Cientos de mujeres se alinearon a comienzos de diciembre para participar en un maratón en la isla turística iraní de Kish, vestidas con camisetas y licras a juego y con el cabello recogido de forma suelta detrás de la cabeza.
En un país donde ignorar los códigos de vestimenta puede acarrear fuertes multas y penas de prisión, las corredoras se concentraron en el recorrido, desoyendo las directrices del Gobierno y el pañuelo que los organizadores incluyeron en el kit de salida del maratón, anticipando posibles infracciones.
En octubre, una banda interpretó el riff de “Seven Nation Army” ante una multitud que sacudía la cabeza en las calles de Teherán, la capital iraní, en un momento viral en redes sociales que incluso fue compartido por el guitarrista estadounidense detrás del éxito de The White Stripes, Jack White.
Esta semana, comerciantes y vendedores de bazares salieron a las calles en varias ciudades iraníes, coreando consignas contra el régimen ante la imposibilidad de pagar los alquileres después de que la moneda alcanzara mínimos históricos. Las protestas han sido las mayores desde el levantamiento nacional de 2022, desencadenado por la muerte de Mahsa Amini, de 22 años, bajo custodia policial tras ser detenida por presuntamente llevar mal colocado el velo.
Aunque por ahora son limitadas, las protestas marcan el capítulo más reciente del creciente descontento en Irán, mientras la población recupera en silencio espacios públicos y libertades personales mediante actos de desafío no coordinados. El régimen teocrático islámico, históricamente opuesto a la influencia cultural occidental, parece estar pasando por alto la creciente desobediencia civil para centrarse en su propia supervivencia.
Al frente se encuentra el debilitado líder supremo de Irán, el ayatola Alí Jamenei, de 86 años, quien pasó décadas tratando de blindar su régimen frente a amenazas internas y externas, pero que ahora debe enfrentar una estrategia que hace agua. En el plano interno, una juventud frustrada muestra un nivel de desafío sin precedentes a las normas islámicas, la moneda nacional se ha desplomado a mínimos históricos, las ciudades iraníes se están quedando sin agua y comienzan a surgir protestas. Fuera de sus fronteras, su archienemigo Israel continúa presionando a Estados Unidos para que adopte más acciones militares contra la República Islámica.
Con opciones limitadas, Jamenei adopta ahora una cautelosa estrategia de espera, evitando grandes decisiones y medidas drásticas pese a los crecientes desafíos internos.
“Muchos observadores transmiten la sensación de que no hay nadie al mando; nadie está tomando grandes decisiones, o más bien que Jamenei no está permitiendo que se tomen decisiones reales”, dijo a CNN Mohammad Ali Shabani, editor de Amwaj.media, un sitio de noticias con sede en Londres enfocado en Irán, Iraq y países de la península Arábiga.
“En este momento, cualquier decisión que Jamenei pueda tomar probablemente tendrá un costo importante, así que parece estar dejando pasar cualquier gran determinación”, agregó.
El líder supremo, o “Vali-ye Faqih” —un título clave que otorga a su portador autoridad última sobre todos los asuntos estatales y religiosos— habría permanecido incomunicado y refugiado en un búnker subterráneo seguro durante una guerra de 12 días con Israel en junio, un conflicto que tomó a Teherán por sorpresa pese a décadas de preparación.
Jamenei emergió de ese conflicto con unas Fuerzas Armadas debilitadas, un programa nuclear gravemente dañado y una población que pierde rápidamente la f