Por Karen Esquivel, CNN en Español
Mariana Royo encontró en su perrita Ak el impulso para adoptar una vida en contacto con la naturaleza. Juntas han atravesado montañas, valles y pueblos apartados de Europa a bordo de su vehículo 4×4, en una travesía que ya suma kilómetros, aprendizajes y experiencias. Su próximo destino comenzará en unas semanas.
Mariana nació en Huesca, una ciudad en el noreste de España. Pasó buena parte de su infancia en un pequeño pueblo del Pirineo aragonés, donde se alzan algunos de los picos más altos de la cordillera, entre ellos el Aneto, Posets y Monte Perdido.
Los paisajes que la rodeaban la llevaron a enamorarse de la naturaleza y de la sensación de libertad. Además, solía viajar con sus padres en una furgoneta y acampar al aire libre. Aunque disfrutaba esas salidas, con el tiempo empezó a buscar una experiencia más tranquila.
En entrevista con CNN, cuenta que desde niña desarrolló una personalidad independiente, marcada por la necesidad de ir a su propio ritmo, mantenerse lejos de las multitudes y disfrutar de la soledad. Por eso, dice, su vida de viajera comenzó a tomar forma desde muy temprano.
Por esa razón, explica, tampoco se siente cómoda en trabajos fijos o en espacios cerrados durante toda la jornada. En invierno trabaja como profesora de snowboard y, aunque estudió para auxiliar veterinaria, no le gustaba pasar el día entre cuatro paredes.
“No sé si será por mi TDAH [Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad], pero yo me aburro de los trabajos y necesito cambio, necesito tener trabajos al aire libre”, indica.
Aunque esta forma de vida no ha estado libre de imprevistos y desafíos, Mariana —ahora de 28 años— no ha dejado de ir de montaña en montaña y de pueblo en pueblo, siempre acompañada por su fiel compañera.
La historia de Mariana y Ak comenzó cuando ella tenía 20 años y la pequeña dálmata apenas había cumplido uno. Su entonces dueño ya no podía hacerse cargo del animal y la joven decidió convertirla en su compañera de vida.
“Es un trasto (traviesa), es muy loca”, dice. “Tiene mucha energía, también es muy desconfiada con los desconocidos. No diría que es un perro tan sociable; es un poco como yo”.
Cuenta que también es leal y obediente. “No se separa de mí jamás, aunque haya otro perro o algún estímulo exterior. De hecho, creo que está aquí abajo del coche ahora mismo”, dice sentada en su camioneta Santana, estacionada a un lado de la carretera.
Con Ak en su vida, Mariana tenía un objetivo claro: viajar con ella a todas partes y disfrutar del aislamiento, sin ruido ni multitudes, a su propio ritmo y con sus propios planes.
“Cuando viajas con un perro muchas cosas se vuelven más complicadas. Quedarte en un hotel es muy complicado y a mí me gusta ir a mi bola. El ir con mi perra las dos solas, tranquilas, esquivando un poco a la gente… las dos no somos muy sociables”, comenta.
Esa fue la motivación que la llevó a buscar un vehículo con el que pudiera recorrer los Pirineos y otros lugares apartados. Así encontró una Santana Aníbal, un todoterreno que compró en 2023 con sus ahorros y que comenzó a transformar en un espacio habitable y equipado para viajar.
“Cuando cogí este coche ya tenía en mente que quería hacerlo mi casa, adaptarlo para vivir aquí adentro. Tampoco algo súper elaborado porque todo tenía que ser hecho por mí y he tardado tres años en camperizarlo”, cuenta.
La bautizó como “Lenteja” y la acondicionó con una cama, una tienda de campaña, una pequeña cocina y otros elementos que le permiten llevar una vida más cómoda junto a Ak.
Con Lenteja y Ak, Mariana puso en marcha su proyecto overland y abrió una nueva etapa en la carretera.
Comenzaron por los Pirineos, en el norte de España, una ruta de paisajes imponentes que reúne cascadas, bosques frondosos, ríos y montañas. Después siguieron por la Cordil