Por Jacopo Prisco, CNN
Los científicos podrían haber resuelto finalmente el enigma de los pequeños brazos del Tyrannosaurus rex, que siempre han destacado como la característica más extraña del dinosaurio más poderoso, lo que ha dado lugar a bromas y a un debate de más de un siglo sobre su propósito e historia evolutiva.
Con una longitud de aproximadamente 90 centímetros, los brazos del T. rex medían menos de un tercio de la longitud de sus patas y parecían notablemente desproporcionados en un cuerpo que podía alcanzar más de 12 metros de longitud en los adultos de mayor tamaño.
El T. rex fue uno de los muchos dinosaurios carnívoros con brazos diminutos, y a lo largo de los años los científicos han propuesto diversas teorías sobre la función de sus extremidades anteriores, como sujetar o inmovilizar a la presa e impresionar a posibles parejas durante el cortejo. Estudios más recientes sugieren que los brazos se achicaron para reducir el riesgo de ser mordidos durante los frenesíes alimenticios, mientras que una teoría antigua plantea que simplemente son vestigiales: no tenían ninguna función práctica y, por lo tanto, se encogieron. Sin embargo, aún no existe consenso al respecto.
Un nuevo estudio publicado el 20 de mayo en la revista Proceedings of the Royal Society B pretende cerrar el debate de una vez por todas. Basado en un análisis de 85 especies de dinosaurios, el estudio concluyó que los brazos pequeños fueron una compensación evolutiva causada por el crecimiento progresivo de otra parte del cuerpo, el cráneo, que consumía cada vez más recursos.
“Si eras un dinosaurio con un cráneo muy robusto, lo más probable era que tuvieras extremidades delanteras muy pequeñas”, afirmó Charlie Roger Scherer, estudiante de doctorado del departamento de Ciencias de la Tierra del University College de Londres y autor principal del estudio. “Y realmente no importa tu tamaño: podrías pesar una tonelada o diez. Si tenías un cráneo fuerte, tenías brazos relativamente pequeños”.
La razón es que, como dijo Scherer, “a la evolución no le gusta tenerlo todo a la vez”, porque tiende a priorizar una cosa sobre otra. “Si quieres concentrarte en usar la cabeza para abatir presas grandes, no te conviene esforzarte en mantener los brazos largos y con garras, porque probablemente no los vayas a necesitar. Así que la evolución, en cierto modo, dice: ‘Ya no necesitamos los brazos, así que vamos a reducirlos y a invertir más energía en mantener el cráneo fuerte y usarlo como arma principal’”.
Investigaciones anteriores ya sugerían una relación entre la reducción de las extremidades anteriores y el crecimiento del cráneo en los dinosaurios carnívoros, pero este nuevo estudio es el primero, según Scherer, en identificar esta tendencia en cinco grupos diferentes de dinosaurios y aportar evidencia estadística a la teoría.
Para llegar a su conclusión, los investigadores midieron las extremidades anteriores y los huesos del cráneo de un conjunto de 85 especies de dinosaurios, utilizando tanto fósiles como datos de la literatura científica existente.
También idearon una nueva forma de cuantificar la resistencia del cráneo, considerando factores como el tamaño general, la forma en que encajan los huesos y la fuerza de la mordida. Esto les permitió clasificar cada cráneo en una escala. Como era de esperar, el T. rex obtuvo la puntuación más alta, seguido por el Tyrannotitan, otro enorme carnívoro que vivió en lo que hoy es Argentina durante el Cretácico Inferior, unos 30 millones de años antes que el T. rex.
Además de en los tiranosáuridos, el grupo que incluye al T. rex y sus parientes, los investigadores enco