Por MJ Lee y Nicky Robertson, CNN
El primer día que Roza Gilles se presentó en su nuevo trabajo en un rascacielos de oficinas en el centro de Palm Beach, en el verano de 2009, una mujer le estaba dando un masaje en los pies a Jeffrey Epstein.
Gilles, que por aquel entonces tenía 18 años, había llegado recientemente a Estados Unidos para labrarse una carrera como modelo tras ser abordada entre bastidores en su país natal, Uzbekistán, por un agente de modelos con vínculos con Epstein.
La agencia de modelos la endeudó de inmediato, cobrándole miles de dólares por su visado y el alquiler.
Desconsolada, Gilles pensó que le iría mejor volviendo a Asia, donde había tenido una exitosa carrera como modelo adolescente, pero Epstein le ofreció un trabajo de fin de semana como recepcionista en su oficina para complementar sus ingresos.
En una habitación con Epstein, en una oficina del piso 14, la mujer invitó a Gilles a sentarse a su lado.
Cuando Epstein le ofreció el pie a Gilles, ella notó una banda de plástico negro alrededor de su tobillo con una pequeña caja con una luz intermitente. Al preguntar qué era, Gilles dice que Epstein y la mujer se rieron. Entonces Epstein le pidió a Gilles que se quitara la camisa.
“Me quedé paralizada”, narró Gilles. “Y la mujer se acercó y empezó a desabrocharme la blusa. Me la quitó, luego me quitó el sujetador y se marchó”.
Ese día, Epstein agredió sexualmente a Gilles por primera vez, dando inicio a años de violaciones y abusos.
Ella no se daría cuenta hasta tiempo después de que el dispositivo que Epstein llevaba puesto era un brazalete electrónico y de que estaba cumpliendo condena por solicitar los servicios de una menor.
Gilles es una de las innumerables mujeres abusadas por el fallecido delincuente sexual infantil. Su historia, que comparte públicamente por primera vez con CNN, ofrece una visión reveladora de las inusuales condiciones del controvertido acuerdo de culpabilidad de Epstein en Florida en 2008, que le permitió cumplir gran parte de su condena fuera de prisión.
Dicho acuerdo le permitió a Epstein seguir aprovechándose de mujeres jóvenes incluso mientras cumplía su condena.
Entre ellas se encontraban jóvenes modelos extranjeras como Gilles y, en ocasiones, los abusos se producían mientras un agente del sheriff del condado de Palm Beach se encontraba en la habitación contigua, según relataron las víctimas a CNN.
“No dejó de hacer lo que hacía estando condenado. Seguía haciendo lo mismo”, contó Gilles. “No sentía ningún remordimiento. Lo que me hizo me dolió muchísimo y me dejó una profunda huella, y jamás, jamás podré superarlo, por mucho que lo intente”.
Dos mujeres que hablaron con CNN bajo la condición de permanecer en el anonimato afirmaron haber sido víctimas de abusos por parte de Epstein en la oficina de la Fundación Científica de Florida.
Esta organización sin fines de lucro se creó en noviembre de 2007, poco antes de que Epstein se declarara culpable, y se dedicaba a otorgar subvenciones y apoyo financiero a organizaciones científicas y de investigación.
Las mujeres describieron la oficina, ubicada en el piso 14, como un espacio accesible mediante ascensor que solía estar lleno de gente y actividad durante la semana laboral. Una de ellas recordó que había numerosas máquinas de ruido blanco —cúpulas blancas con forma de hongo— distribuidas por toda la oficina.
Según estas mujeres, Epstein parecía haber desarrollado una rutina para los días que pasaba en la Fundación Científica de Florida.
Sus mañanas allí comenzaban con café y una magdalena, y el financiero, que se quejaba de no dormir bien en la prisión de mínima seguridad de Palm Beach Stockade, solía toma