Por Sol Amaya, CNN en Español
Parece un campo de batalla abandonado. Negocios y casas han sido literalmente partidas al medio para facilitar vías de escape. Los frentes de muchos edificios tienen enormes agujeros donde pueden apostarse los francotiradores. Los escombros amontonados se utilizan como barricadas. Pero no es una guerra lo que ha ocurrido allí. Al menos no en el sentido estricto. Lo que ha dejado en ruinas al barrio de Solino, en Puerto Príncipe, es apenas una de las caras de la violencia de las pandillas que azota a Haití desde hace décadas.
“Haití es una de las grandes tragedias humanas en Occidente”, resume Diego Da Rin, analista especializado en Haití de la organización independiente International Crisis Group. Y la palabra “tragedia” no es exagerada. Al avance de las pandillas, que ahora controlan gran parte de la capital y las rutas clave, se suman la pobreza extrema, los periódicos golpes de los desastres naturales, la anarquía política y una deuda histórica que impide el desarrollo económico.
Mientras se espera que se celebren elecciones en agosto, algo que no ha ocurrido en años, millones de personas luchan a diario por satisfacer necesidades básicas de alimentación en medio de una profunda crisis sanitaria.
Pero la clave de la principal razón por la que el país no logra salir de esta crisis permanente puede resumirse en lo que los especialistas denominan “gobernanza criminal”.
Porque, si bien cuando se habla de crimen organizado e infiltración de la delincuencia en la política se puede pensar en ejemplos de varios países de América Latina, la situación en Haití pasa a otro nivel. Allí, las pandillas no solo se han infiltrado en el poder, sino que, en muchas ocasiones, incluso reemplazan al Estado.
Pero, ¿cómo llegamos a esto?
Haití ha estado marcado por la permanente inestabilidad desde sus orígenes. Si bien fue la primera nación en América Latina en independizarse, esto tuvo un costo que impactó fuertemente en cómo se fue desarrollando su historia.
Ubicado en el corazón del Caribe, este país de aproximadamente 12 millones de habitantes comparte la isla La Española con República Dominicana. Hasta 1804, fue una colonia francesa basada en una lucrativa economía esclavista que producía café y azúcar. Tras la rebelión que les permitió la independencia, el país vivió una división interna durante 14 años. Cuando se reunificó el territorio, Francia volvió reclamando reparaciones económicas que abrieron la puerta a una deuda histórica, conocida como la “deuda de la Independencia”.
En 1915, tras el asesinato del presidente Jean Vilbrun Guillaume Sam, Estados Unidos intervino el país y se instaló durante unos 20 años.
Después, Haití transitó una serie de presidencias interrumpidas por golpes de Estado hasta la llegada de “Papa Doc” Duvalier, primero, y su hijo “Baby Doc” Duvalier, luego, quienes dirigieron una dinastía dictatorial durante 29 años, hasta 1986. Hubo miles de muertos y desaparecidos y un fuerte vaciamiento de las arcas. Ese año regresó la democracia, pero no pasó mucho tiempo hasta que los militares volvieran a tomar el poder.
Luego siguieron los cambios entre presidencias democráticas, todas inestables, y dictaduras, en medio de una economía crítica que se vio aún más golpeada en 2010, con el terremoto que devastó al país y agudizó los problemas políticos, económicos y sociales.
Esa crisis fue reforzando y dando forma a la violencia de pandillas y terminó de estallar en 2021, con el asesinato del presidente Jovenel Moïse.
Es complejo explicar el origen de la violencia en Haití, que sigue ocupando titulares periódicamente. Pero hay varias aristas que permiten dar un panorama de cómo se llegó hasta aquí.
“Las élites haitianas tienen una gran responsabilidad. No solo no frenaron el descenso hacia los infiernos, sino que también precipitaron al país hacia esta crisis de seguri