Por Issy Ronald, CNN
A pesar de la insistencia de Eurovisión en que es apolítico, la política siempre ha formado parte del concurso de la canción que se celebra en todo el continente, siendo un elemento tan importante como cualquier constelación de pirotecnia y baladas poderosas que se exhiban ese año.
Pero si antes la política era una especie de chiste, un indicador útil para que los aficionados cínicos adivinaran qué país podría otorgar puntos a otro, este año amenaza con eclipsar toda la contienda.
Cinco países —Irlanda, España, Eslovenia, los Países Bajos e Islandia— están boicoteando el evento de este año debido a la continua participación de Israel, lo que supone la mayor crisis en los 70 años de historia del concurso.
El revuelo ha empañado las festividades de este espectáculo, normalmente extravagante, alegre y ostentoso, en el que artistas que representan a diferentes países, en su mayoría europeos, interpretan una canción y compiten por ser coronados ganadores tras una votación del público y del jurado.
El año pasado, 166 millones de personas lo vieron por televisión y se ha convertido en un referente cultural clave para la comunidad LGBTQ+.
Sin embargo, solo 35 países viajaron a Viena, Austria, para el concurso de este año, que culmina con la gran final del sábado, lo que representa el menor número de participantes desde 2004. Es posible que la asistencia de público también haya disminuido.
“Podemos ver que aún quedan entradas disponibles para la final del sábado, algo insólito”, declaró a CNN desde Viena Frank Dermody, presidente del club de fans irlandés de Eurovisión.
Mientras que normalmente unos 800 aficionados irlandeses viajan a la ciudad anfitriona, este año solo unos 40 lo han hecho, añadió.
“Hay mucha gente de otros países que no viene. Simplemente no se sienten cómodos. Puede que en los próximos días sientan miedo de perderse algo y vengan a la ciudad, pero ahora mismo diría que hay menos gente de lo normal”, comentó.
La participación de Israel en el concurso ha resultado controvertida durante los últimos dos años debido a su guerra en Gaza, lo que ha provocado protestas y boicots por parte de los aficionados.
En diciembre, las divisiones entre los países que conforman la Unión Europea de Radiodifusión (UER), organizadora de Eurovisión, salieron a la luz cuando se reunieron para debatir el asunto.
Finalmente, no se votó sobre la participación de Israel en el concurso, pero se introdujeron “cambios específicos” para “reforzar la confianza, la transparencia y la neutralidad del evento”, según informó la UER en diciembre.
Irlanda, España, los Países Bajos y Eslovenia anunciaron de inmediato su boicot, e Islandia se sumó una semana después.
En aquel momento, el ministro de Asuntos Exteriores de Israel declaró sentirse “avergonzado” por los países que boicoteaban el concurso.
Todo esto surgió tras los rumores y las acusaciones de que el gobierno israelí había influido en los resultados de las dos últimas competiciones mediante la promoción de una campaña de votación masiva.
La UER nunca se ha pronunciado públicamente sobre tales acusaciones, pero una investigación del New York Times publicada el lunes describió una “campaña bien organizada por el Gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu que adoptó Eurovisión como una herramienta de poder blando, y un organizador secreto del concurso que no estaba preparado para responder”.
La Oficina del Primer Ministro de Israel declinó hacer comentarios a CNN. Amichai Chikli, Ministro de Asuntos de la Diáspora de Israel, declaró qu