Por Betsy Klein, CNN
Cerrar una importante aerolínea estadounidense es un proceso complicado. Hacerlo cuando el presidente de Estados Unidos insinúa que podría salvarse añade aún más complejidad.
Aquejada de graves problemas financieros, Spirit Airlines se declaró en bancarrota por segunda vez en agosto de 2025. Meses después, el conflicto con Irán disparó los precios del combustible y empeoró aún más su situación financiera, dejándola al borde del cierre.
Durante semanas, funcionarios del Gobierno de Trump mantuvieron conversaciones con la aerolínea de bajo costo sobre la posibilidad de un paquete de rescate de US$ 500 millones. Esta propuesta otorgaría al Gobierno el control de la gran mayoría de las acciones de Spirit.
El presidente Donald Trump sugirió públicamente que estaría de acuerdo “si podemos conseguirlo al precio adecuado”.
“Tienen buenos aviones, buenos activos, y cuando baje el precio del petróleo, los venderíamos con ganancias”, dijo a los periodistas en la Oficina Oval el mes pasado.
Según dos fuentes familiarizadas con la reunión, el secretario de Transporte, Sean Duffy, y el secretario de Comercio, Howard Lutnick, se reunieron con Trump para exponerle las opciones, lo que causó cierta división interna en el equipo del presidente.
Según una fuente cercana a las deliberaciones que habló con CNN, Lutnick “presionaba” para llegar a un acuerdo, y una segunda fuente cercana sugirió que argumentaba que sería una victoria política para la administración. Sin embargo, una tercera fuente cercana a las deliberaciones informó a CNN que existían reservas sobre la posibilidad de un rescate por parte de funcionarios como Duffy, el subsecretario de la Casa Blanca de Trump, Stephen Miller, el director del Consejo Económico Nacional, Kevin Hassett, y miembros de la oficina del asesor legal de la Casa Blanca. Entre esas reservas se incluían preocupaciones sobre inyectar dinero en una empresa con un historial financiero deficiente, según dos de las fuentes.
La idea de un rescate para una sola aerolínea también causó una fuerte reacción tanto del sector aéreo como de los republicanos en el Congreso. Los rescates anteriores se habían realizado en apoyo de todas las aerolíneas estadounidenses, no de una sola compañía o grupo de aerolíneas. Y esos paquetes de rescate respondieron a una industria paralizada, como cuando los pasajeros temían volar tras atentados terroristas o una pandemia, no debido al aumento de los costos y las pérdidas.
Mientras tanto, Trump “estaba obsesionado con encontrar la manera de mantener a flote a Spirit”, dijo Duffy a los periodistas el sábado, y añadió que estuvo “en la Oficina Oval muchas veces” con el presidente en los días previos al cierre de la aerolínea.
Tras esa primera reunión con Duffy y Lutnick, quedó claro que un rescate sería más complejo que los intentos de Trump por obtener el control gubernamental sobre empresas como US Steel o Intel. Se planteó la posibilidad de invocar la Ley de Producción de Defensa, una ley que otorga al Gobierno mayor control para dirigir la producción industrial durante emergencias. Sin embargo, el Departamento de Defensa la rechazó, según dos fuentes familiarizadas con las deliberaciones. Finalmente, los funcionarios nunca lograron identificar una fuente de financiación para los US$ 500 millones.
Mientras tanto, según fuentes co