Análisis por Mohammed Tawfeeq, CNN
Cuando un luchador de 19 años y otros dos hombres fueron ahorcados en la ciudad santa de Qom el jueves, el régimen teocrático de Irán envió un mensaje tanto a los disidentes dentro del país como a los opositores en el extranjero, afirman analistas.
Los tres hombres, todos ellos vinculados a las protestas nacionales contra el régimen de enero, fueron ejecutados con la aprobación del Tribunal Supremo de Irán y “en presencia de un grupo de personas”, dijo la agencia de noticias Mizan, afiliada al poder judicial.
Grupos de derechos humanos, incluida Amnistía Internacional, describieron los juicios como una farsa que incluyó confesiones forzadas y procesos acelerados. Amnistía, en un comunicado emitido este viernes, acusó a las autoridades iraníes de llevar a cabo “ejecuciones arbitrarias” para intimidar al público “en medio de una población ya traumatizada, bajo bombardeo de Israel y Estados Unidos”.
Antes de la guerra, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, advirtió a Irán contra la ejecución de manifestantes, y más tarde dijo que había recibido garantías de que Teherán no tenía planes de hacerlo. Se cree que los ahorcamientos del jueves son los primeros realizados en relación con las protestas.
Los tres hombres —a quienes Mizan identificó como Mehdi Qasemi, Saleh Mohammadi y Saeed Davoudi— fueron declarados culpables por su papel en la muerte de dos funcionarios de las fuerzas del orden en una comisaría. De acuerdo con Mizan, utilizaron espadas, cuchillos y machetes en ataques separados contra los dos agentes.
Estados Unidos había dicho anteriormente que estaba “profundamente preocupado” por los informes sobre la condena de Mohammadi, a quien descubrió como un campeón de lucha. En una publicación en X en enero, Estados Unidos instó a Teherán “a detener la ejecución de Saleh Mohammadi y de todas las personas que han sido condenadas a muerte por buscar alcanzar sus derechos fundamentales”.
El momento de las ejecuciones, en plena guerra entre Estados Unidos e Israel con Irán, fue en sí mismo una señal, dijo a CNN este viernes Behnam Ben Taleblu, director senior del programa sobre Irán en la Fundación para la Defensa de las Democracias (FDD, por sus siglas en inglés) en Washington.
“Incluso en medio de una guerra en curso, que el régimen priorice un tiempo, atención y recursos gubernamentales limitados para ejecutar a presos políticos y manifestantes te dice todo lo que necesitas saber”, dijo, y añadió que Teherán está “igualmente en guerra con su propio pueblo”.
Estados Unidos e Israel entran en la tercera semana de su guerra, lanzada con los objetivos declarados de destruir las ambiciones nucleares y las capacidades de misiles de Irán.
Taleblu señaló que los ahorcamientos parecían diseñados para proyectar continuidad en casa mientras el país está bajo ataque. “Hay otro Jamenei al mando y el régimen está tratando de señalar que nada ha cambiado en el frente interno”, dijo, en referencia a Mojtaba Jamenei, el segundo hijo del fallecido líder supremo Alí Jamenei, quien ocupó el cargo durante casi cuatro decenios hasta su muerte en ataques aéreos de Estados Unidos e Israel.
Del mismo modo, las ejecuciones tenían la intención de suprimir cualquier disidencia. “No se equivoquen, estas ejecuciones buscan infundir miedo y terror en los corazones de los iraníes que protestan y disienten”, dijo Taleblu.
Las protestas antigubernamentales que estallaron en todo Irán a principios de enero fueron alimentadas por la agitación económica, una moneda en colapso y una ira más amplia contra el gobierno clerical, y fueron descritas como las más significativas en décadas. Miles de personas murieron en la sangrienta represión que siguió.
Los ahorcamientos también fueron una señal de que