Análisis de Aaron Blake, CNN
No es ningún secreto que la política exterior del segundo mandato del presidente Donald Trump ha sido más militarista.
Trump ha insinuado la posibilidad de reclamar el canal de Panamá, Canadá y Groenlandia para Estados Unidos. Lanzó ataques contra siete países diferentes en 2025 e incluso resucitó la política estadounidense de derrocar a líderes latinoamericanos con la operación en Venezuela. Ha asesinado a más de 150 personas en barcos supuestamente cargados de drogas mediante ataques extrajudiciales, lo que bien podría constituir crímenes de guerra.
Pero sus nuevos ataques contra Irán representan algo completamente distinto.
Según el propio Trump, estos no son ataques limitados, sino una campaña militar “masiva y continua” junto a Israel que, según él, constituye una “guerra” y advierte de antemano que podría costar vidas estadounidenses. Mientras que sus breves ataques contra Irán en junio pasado buscaban debilitar el programa nuclear del país, ahora indicó que estos tienen el objetivo más amplio de un cambio de régimen.
“Solo quiero libertad para el pueblo”, declaró Trump a The Washington Post poco después de las 4 a.m., hora de Miami, tras los primeros ataques.
Pero eso definitivamente no es lo que Trump y su equipo le han prometido al pueblo estadounidense a lo largo de los años, ni siquiera recientemente.
De hecho, entre todas las acciones militares de Trump, esta es la más contradictoria.
El presidente se ha opuesto explícitamente a los intentos de cambio de régimen en Medio Oriente y ha abogado por un enfoque más doméstico.
Invocó esta postura con frecuencia durante la campaña de 2016, mientras se presentaba contra la guerra en el vecino Iraq y presentaba a su oponente demócrata, Hillary Clinton, como una halcón irredimible y de gatillo fácil.
“Debemos abandonar la fallida política de construcción nacional y cambio de régimen que Hillary Clinton impulsó en Iraq, Libia, Egipto y Siria”, declaró Trump en la Convención Nacional Republicana de 2016.
Añadió que derrocar regímenes sin planes lo suficientemente serios crea “vacíos de poder que son llenados simplemente por terroristas”.
Dijo también que “rompería el ciclo del cambio de régimen” y “abandonaría la política de cambio de régimen imprudente que impulsaba” su oponente.
En 2019, Trump redobló su retórica.
“Nuestra política de guerra interminable, cambio de régimen y construcción nacional está siendo reemplazada por la persecución lúcida de los intereses estadounidenses”, declaró Trump. “El trabajo de nuestras fuerzas armadas es proteger nuestra seguridad, no ser el policía del mundo”.
“INVERTIR EN ORIENTE MEDIO ES LA PEOR DECISIÓN JAMÁS TOMADA”, publicó en redes sociales ese mismo año.
Y su Gobierno, incluso en este mandato, ha buscado bajarle el precio a la estrategia de cambio de régimen.
En un discurso pronunciado en diciembre, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, prometió que su departamento “no se distraería con el intervencionismo para construir la democracia, las guerras indefinidas, el cambio de régimen…”.
Y después del ataque de Trump a las instalaciones nucleares de Irán en junio, Hegseth aseguró específicamente que el objetivo no era un cambio de régimen.
“Esta misión no se trata ni se ha tratado nunca de buscar un cambio de régimen”, dijo Hegseth.
Para ser justos, los comentarios de Trump sobre este tema a veces se referían a guerras de cambio de régimen precipitadas e imprudentes, en lugar de a una oposición completa a los cambios de régimen.
Aun así, la idea central de sus comentarios y los de Hegseth era claramente que Estados Unidos no debería involucrarse en este ti