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EE.UU. exige a Honduras que avance “de inmediato” con el conteo de votos, mientras siguen las denuncias y las protestas

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Por Sol Amaya y Elvin Sandoval, CNN en Español

Cuando ya pasaron 18 días desde las elecciones presidenciales en Honduras, el conteo sigue paralizado y el país se sume en un caos que incluye denuncias de fraude, protestas y la exigencia de Estados Unidos para que avance de “inmediato” el proceso.

Mientras tanto, los resultados preliminares del CNE, con el 99,80 % de las actas escrutadas, siguen encabezados por el candidato del Partido Nacional, Nasry ‘Tito’ Asfura, apoyado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con el 40,54 % de los votos, seguido muy de cerca por el candidato del Partido Liberal, Salvador Nasralla, con el 39,19 %. El conteo está parado ahí desde hace días.

Por otro lado, el Consejo Nacional Electoral (CNE) todavía no ha iniciado el escrutinio especial de las actas con irregularidades.

“El Consejo Nacional Electoral (CNE) debe iniciar de inmediato el proceso de escrutinio especial para finalizar los resultados oficiales”, dijo la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos en una publicación en X. “Cualquier intento de perturbar el orden público o el trabajo del CNE tendrá consecuencias. Las voces de 3,4 millones de hondureños deben ser respetadas y tenidas en cuenta”.

También desde EE.UU., el exasesor político de Trump Roger Stone pidió “revocar las visas” de Nasralla y su esposa.

“El perdedor Salvador Nasralla y su esposa están coordinando directamente con el régimen narcocomunista de Libre para anular las elecciones hondureñas y desconocer al legítimo ganador, Tito Asfura”, publicó Stone en su cuenta de X, en un mensaje en que arrobó al Departamento de Estado para solicitar que se les revoquen las visas al matrimonio.

CNN contactó al Gobierno de Honduras y a Nasralla para obtener comentarios sobre estos señalamientos y está a la espera de respuesta.

En tanto, la presidenta de Honduras, Xiomara Castro, exige un conteo “voto por voto” y aún no comenzó el escrutinio especial de 2.792 actas con inconsistencias de las elecciones generales del pasado 30 de noviembre.

“Hoy los he convocado porque el país nuevamente vuelve a transitar en una crisis, hoy la democracia en Honduras está en serias dificultades, quieren manipular nuestra democracia y tomar decisiones que solo al pueblo le corresponden”, dijo Castro, ante un grupo de seguidores del oficialismo en la Casa Presidencial, en Tegucigalpa.

Castro llamó a los activistas del Partido Libre, cuyo coordinador general es su esposo y expresidente, Manuel Zelaya, a que se manifiesten de forma pacífica, porque “la democracia se defiende de pie, no en silencio”.

La presidenta también dirigió en otro evento un mensaje a la policía: “Les pido que estén a la altura de este momento histórico en el cual debemos defender la vida, la ley y la soberanía nacional frente a la intervención extranjera con amenazas directas, que modificó fuertemente los resultados de las elecciones en Honduras”, dijo.

Mientras tanto, la presidenta del CNE, Ana Paola Hall, por su parte, hizo un “llamado público” a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional, a que se “desplacen de inmediato” al Instituto Nacional de Formación Profesional (Infop), donde se resguarda el material electoral, ante la movilización de simpatizantes de Libre hacia ese ente estatal.

“Como presidenta del CNE, hago un llamado público a las autoridades responsables de la seguridad y el orden público, para que, con fines preventivos, se desplacen de inmediato al Infop y, en el marco de la Constitución, la Ley y los Derechos Humanos, resguarden las personas y el material electoral de las elecciones generales de 2025”, indicó Hall en una publicación en su cuenta de X.

Ante esta situación, crece la incertidumbre sobre si se podrá declarar un ganador antes de que se cumplan los 30 días de las elecciones (el 30 de diciembre), como establece la ley, y

El oscuro mensaje navideño de Trump reincide en un error político

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Análisis de Stephen Collinson, CNN

Fue la pesadilla antes de Navidad.

Donald Trump le dio un giro sombrío a la tradición de los discursos presidenciales nacionales el miércoles, al evocar el infierno de una nación “muerta” que, según él, le entregó el expresidente Joe Biden.

Su objetivo era obvio: distraer la atención de su propia crisis política.

Los presidentes suelen solicitar a las cadenas de televisión tiempo al aire para un discurso en horario de máxima audiencia en momentos trascendentales: cuando están a punto de llevar al país a la guerra o después de las tragedias.

En 2003, el presidente George W. Bush se presentó ante la nación para anunciar que en ese momento, “las fuerzas estadounidenses y de la coalición” se encontraban “en las primeras etapas de las operaciones militares para desarmar a Iraq”.

En enero de 1986, el presidente Ronald Reagan lamentó la pérdida de siete astronautas en el desastre del transbordador espacial Challenger con un lenguaje sublime, al decir que se habían “desprendido de las duras ataduras de la Tierra para tocar el rostro de Dios”.

El mensaje navideño de Trump careció de poesía. En cambio, profirió una dosis estacional de su retórica más distópica. La única crisis es la que ha reducido su índice de aprobación al 39 %, según la Encuesta de Encuestas de CNN, tras menos de un año en el cargo.

“Heredé un desastre y lo estoy arreglando”, bramó Trump. Los estadounidenses que esperaban empatía por las dificultades que están pasando por los altos precios de los alimentos, la vivienda y la atención médica recibieron, en lugar de eso, una reprimenda por no reconocer que disfrutan de una gloriosa nueva era dorada creada por él.

“En los últimos 11 meses, hemos impulsado más cambios positivos a Washington que cualquier otro Gobierno en la historia de Estados Unidos. Nunca ha habido nada igual y creo que la mayoría estará de acuerdo con eso”, declaró Trump.

El discurso de Trump, que comenzó con una virulenta crítica antiinmigración, resultó familiar para cualquiera que haya asistido a uno de sus mítines. Y probablemente tuvo buena acogida entre su base electoral, sumamente leal, con la que mantiene un profundo vínculo.

Trump no parecía un líder con el control de su propio destino político ni del de la nación. En cambio, su discurso fue como uno de sus discursos de Truth Social, escritos en mayúsculas, hecho realidad. Pero también insistió en un error político fundamental, uno que también cometió Biden. Trump intentó hacer que los estadounidenses rechacen la evidencia que tienen ante sus propios ojos mientras lidian con los altos precios y una sensación generalizada de inseguridad económica que nunca sintieron multimillonarios como él.

Recitó una lista de estadísticas y cifras, afirmó que los precios estaban cayendo rápidamente, que el crecimiento salarial se estaba disparando y que millones de estadounidenses estaban en una situación mucho mejor que cuando asumió el cargo. Muchos de estos datos fueron exagerados o erróneos.

El presidente también ignoró que la tasa de inflación interanual es exactamente la misma que cuando asumió el cargo. Los precios de los alimentos no han bajado en todos los ámbitos. Millones de estadounidenses están sufriendo enormes aumentos en los precios de los seguros médicos porque su administración no ha encontrado una solución para el vencimiento de las primas mejoradas del Obamacare. Y la tasa de desempleo acaba de alcanzar su máximo en cuatro años, y el lento crecimiento salarial ha empeorado aún más el ánimo del público.

Trump, quizás el mayor experto en branding de la historia política estadounidense, ha tenido un éxito considerable en el pasado reinventando la realidad. Convenció a millones de ciudadanos, por ejemplo, de que las elecciones de 2020 habían sido fraudulentas.

El miércoles, su tarea era convencer a la gente de que

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