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Estados Unidos y su fijación con Cuba, una isla que se resiste al cambio

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Análisis por Rey Rodríguez, CNN en Español

Cuba, que ya había respondido a las amenazas de Trump en reiteradas ocasiones, fue aún más contundente al referirse a la imputación contra el expresidente Rául Castro, tildando la acusación de “canalla”. “Se trata de un acto despreciable e infame de provocación política”, dijo el Gobierno cubano en un comunicado este miércoles.

En medio de la tensión, la isla atraviesa una de sus peores crisis en décadas, agravada por las medidas de presión impuestas por Estados Unidos. Una situación que, de prolongarse, podría terminar generando una oleada migratoria con su concebido impacto en la política interna estadounidense.

El cruce de declaraciones demuestra que Cuba sigue siendo un pendiente en la política exterior estadounidense y su interés por tener entre sus manos la llamada “Llave del Caribe”, un asunto que no es nuevo y que no se originó en la era Trump.

En medio de esas presiones, el Gobierno del presidente Miguel Diaz-Canel prometió abrir el país a la inversión privada y anunció reformas para permitir que la diáspora cubana invierta en la Isla.

El Gobierno de Trump ha dicho que eso no es suficiente y cuando habla de un cambio de régimen, enseguida “se traba el paraguas”, lo que significa en el argot popular cubano que el asunto está complicado o no tiene solución.

Han pasado casi 70 años desde el triunfo de la revolución cubana que encabezó Fidel Castro y la isla parece detenida en el tiempo. Ni la crisis de los misiles en octubre de 1962, ni la caída de la Unión Soviética, ni la inesperada crisis del suministro de petróleo ante la captura del depuesto presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, han cambiado su rumbo político.

Ni siquiera logró un cambio la muerte de Fidel Castro, su líder histórico, que fue vista por muchos, especialmente por la diáspora cubana, como el final de una era y el principio de una apertura hacia la democracia.

Lo que Donald Trump haga con Cuba sigue siendo una incógnita. A principios de año dijo que el régimen caería por sí solo y lo calificó como un estado fallido. Después insinuó que ambos gobiernos mantenían abiertos canales de diálogo. Por último, sorprendió a todos cuando dijo: “Podríamos pasar por Cuba una vez que finalicemos con Irán”, una frase que encendió las alarmas pocos meses después de la intervención en Venezuela. Y hace apenas dos días, escaló la tensión con la acusación formal contra Raúl Castro como uno de los presuntos responsables del derribo de aviones de la organización de exiliados cubano-estadounidenses Hermanos al Rescate en 1996.

El interés por Cuba se remonta a principios del siglo XIX, cuando Estados Unidos la consideró como un punto estratégico en el Caribe y una extensión de su zona de influencia, por lo que buscó la forma de compra o controlar la isla que, en aquel entonces, era colonia española.

Fue hasta 1898 que ese objetivo se materializó, al intervenir directamente en la guerra contra España. Tres años después, con el fin del conflicto armado, Washington condicionó el futuro político y económico de la isla a través de la llamada Enmienda Platt.

La reforma le otorgaba el derecho, entre otras cosas, a intervenir en el país y a comprar tierras para construir instalaciones militares, como la base naval de Guantánamo, en el oriente del país y que sigue todavía hoy bajo control de Estados Unidos.

Durante décadas, hubo una fuerte penetración estadounidense en la isla, al tiempo que los gobiernos locales en turno, que garantizaban la protección de sus intereses, crearon una profunda dependencia e

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