Análisis por Juan Carlos López, CNN en Español
Ronald Reagan, el cuadragésimo presidente de Estados Unidos, solía citar una frase de John Withrop, el primer gobernador de Massachusetts, quien inmigró desde Inglaterra en 1630 buscando libertad religiosa. Winthrop se imaginaba lo que llegaría a ser Estados Unidos como una “ciudad brillante sobre una colina”, un punto referencia para el resto el mundo. En su discurso de despedida en enero de 1989, Reagan, quien terminaba ocho tumultuosos años en la presidencia, dijo que su país “sigue siendo un faro, sigue siendo un imán para todos los que deben tener libertad, para todos los peregrinos de todos los lugares perdidos que atraviesan la oscuridad, para llegar a casa”.
Treinta y siete años después el mensaje es diferente. La política oficial ya no es la de recibir a quienes buscan refugio y el tono es distinto, en medio de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel contra Irán. Donald Trump, el cuadragésimo séptimo presidente, se inspira en él mismo para expresar su visión de lo que cree es Estados Unidos. El 12 de mayo, en su red social publicó: “Cuando las noticias falsas dicen que al enemigo iraní le va bien, militarmente, contra nosotros, es una TRAICIÓN virtual, y una afirmación absurda y falsa. Están auxiliando y son cómplices del enemigo”. No es un secreto que Trump considera que la prensa solo debe reportar la versión de los hechos que lo validan.
Hace poco un juez federal desestimó una demanda por US$ 10.000 millones presentada por Trump contra el Wall Street Journal, diario propiedad del magnate Rupert Murdoch, afín al mandatario, por publicar una carta de cumpleaños enviada al fallecido pedófilo convicto Jeffrey Epstein y atribuida a Trump, en momentos en aún eran amigos en 2003, con el dibujo de los senos de una mujer y la firma “Donald” en lugar de vello púbico, con un mensaje que decía: “Feliz cumpleaños – y que cada día sea otro secreto maravilloso”.
El juez determinó que Trump no demostró que el diario hubiera actuado con malicia, pero le dio la opción de presentarla de nuevo ajustando su alegato. El caso no ha terminado, pero es uno de muchos presentado por Trump contras los medios, tanto en el sector privado, como desde la presidencia, a título personal o a través de las dependencias oficiales.
En octubre de 2025 los principales medios acreditados ante el Departamento de Defensa, incluido CNN, entregaron sus credenciales para trabajar desde esa institución ante la imposición de una serie de restricciones por parte de Pete Hegseth, titular de la cartera y expresentador de la cadena de noticias Fox.
Las nuevas reglas incluían firmar un documento comprometiéndose a no obtener ni publicar material no autorizado, aunque no fuera de carácter clasificado, a cambio de no perder acceso al Pentágono, el edificio donde opera el Departamento. Es decir, Hegseth quería limitar a la prensa a reproducir comunicados de prensa de la entidad y además restringir el acceso de los comunicadores dentro del edificio que podían recorrer desde hace décadas.
Argentina acaba de vivir algo similar. Javier Milei, quien es visto como un aspirante al “Trump del Río de la Plata”, no se inspira en Reagan o Winthrop, sino en el actual ocupante de la Casa Blanca, con quien comparte una prosa refinada. El 22 de abril publicó en X: “BASURAS REPUGNANTES. Me encantaría ver a esas basuras inmundas que portan credencial de periodistas (95%) que