Por Karen Esquivel, CNN en Español
El diagnóstico de una enfermedad autoinmune impulsó a Jesu y Tatán a emprender una travesía transformadora por Sudamérica. Dejaron atrás la rutina y el trabajo para recorrer 13 países a bordo de su van rusa, en un viaje de unos 70.000 kilómetros durante más de 1.200 días.
Para ellos, recorrer el sur del continente no fue solo hacer las maletas y partir, sino responder a un impulso profundo nacido en medio del desconcierto: seguir el pulso de un territorio vasto y vivo, donde cada montaña, selva y frontera parece guardar una lección sobre la historia y la belleza.
Hoy comparten esa experiencia en su proyecto con la esperanza de inspirar a otros a creer que, incluso en los momentos más difíciles, es posible cumplir los sueños.
Cristián Marín (Tatán) conoció a María Jesús Achondo (Jesu) en su fiesta de cumpleaños, en la casa de sus padres, en su natal Chile. “Ella venía con una amiga que acompañaba a un amigo mío y nos conocimos, empezamos a congeniar, a salir”, cuenta Cristián a CNN.
Con el tiempo, ambos descubrieron que eran muy distintos. Tatán —hoy de 41 años— creció en la ciudad, en una familia poco convencional, con un padre piloto de carreras y una madre dedicada a la pintura y la escultura. No era un hogar en el que compartieran todo el tiempo, pero el cariño siempre estuvo presente.
“Desde chico vi a mi viejo viajar; en los veranos nos íbamos a conectar con la naturaleza, a hacer paseos, caminar en el bosque, siempre muy apegados al mar también […] más grande le agarré el gusto a los viajes”, dice.
Esas experiencias le enseñaron a ser independiente, autosuficiente y a estar solo. También moldearon una personalidad más estructurada, racional y abierta a otros estilos de vida.
Jesu —de 34 años en este momento— tuvo una infancia muy distinta. Creció en el campo, en una familia que privilegiaba la unidad: compartir la mesa, preguntarse cómo estaban y darse el beso de buenas noches. Era una casa de puertas abiertas, y eso la convirtió en una mujer espontánea. “Vivo en las nubes un poco”, dice a CNN.
“Yo era muy de mi familia, de pasar tiempo con ellos, y tenía pocos hobbies propios. Cuando conocí a este hombre me di cuenta de que le gustaba tocar la batería, jugar fútbol, y yo me pregunté: ‘¿A mí qué me gusta?’”, detalla.
Su relación comenzó el 1 de enero de 2014. A medida que se fueron conociendo, Tatán le contagió a Jesu la curiosidad por viajar y descubrir el mundo. Sin embargo, la vida diaria, la rutina y los compromisos hicieron que postergaran ese plan una y otra vez.
“En esa realidad teníamos poco tiempo para hacer lo que nos gustaba […] era mucho compromiso y poco tiempo de calidad. En esa rutina, más que vivir, uno estaba cumpliendo con los deberes sociales, y ahí se olvida un poco de sí mismo”, resalta Jesu.
Entonces, la vida de Jesu dio un giro inesperado.
En medio de esa rutina, Jesu comenzó a recibir señales de que algo no andaba bien.
“Vivía con dos amigas en un departamento en la capital [Santiago] y en ese momento yo estaba muy flaca, con muy poca energía. En el trabajo me decían que faltaba mucho, y yo decía: ‘bueno, pero es que tengo fiebre muy seguido’. Empecé a notarlo y me di cuenta de que tenía fiebre cuatro veces al mes, por ejemplo”, cuenta.
Al principio creyó que era algo “normal”, porque siempre se consideró más débil de salud. Pero aparecieron otras alertas: moretones, llagas, inflamaciones, hasta que un día, al ir al baño, vio sangre.
“Ya era algo demasiado evidente y visible”, dice Jesu. “Y lo primero que sentí fue terror, miedo, angustia y vergüenza. Pensé: ‘¿Cómo voy a decirle esto a mi pareja?’, porque uno no está acostumbrado a hablar de estas cosas”.
Así comenzó un largo camino para saber qué le ocurría.
“Fui con unos 15 doctores, me hacían exámenes y todo salía bien. Gracias a Dios, una noche l