Por Katie Hunt, CNN
El científico Veerabhadran Ramanathan anhelaba el sueño americano cuando crecía en el sur de la India en la década de 1960: concretamente, soñaba con un Chevrolet Impala, un coche deportivo que conoció gracias a su padre, vendedor de neumáticos. Ramanathan llegó a Estados Unidos a los veinte años, pero nunca compró su coche de alto consumo de gasolina, principalmente porque sus conocimientos científicos sobre el calentamiento global rápidamente superaron a sus ingresos.
En la década de 1970, Ramanathan, quien ya era un recién doctorado en ciencias planetarias, pasaba sus días trabajando como investigador invitado en el Centro de Investigación Langley de la NASA en Hampton, Virginia, y sus noches en un proyecto paralelo que ocultaba a sus supervisores. Su investigación nocturna en solitario terminaría cambiando la forma en que los científicos ven el calentamiento global.
El joven científico había descubierto que los clorofluorocarbonos, o CFC, entonces ampliamente utilizados en la fabricación de refrigeradores, aires acondicionados y aerosoles, tenían un importante efecto invernadero. Ramanathan se había topado brevemente con estos productos químicos industriales en su primer trabajo en una empresa de refrigeración. Al igual que el dióxido de carbono, los CFC atrapaban el calor en la atmósfera. De hecho, según los cálculos de Ramanathan, eran más potentes: una molécula de CFC podía tener el mismo efecto de calentamiento que hasta 10.000 moléculas de dióxido de carbono. Durante tres meses, repitió los cálculos buscando una explicación alternativa. No encontró ninguna.
“Era solo un inmigrante posdoctoral de la India. No sabía si debía contárselo a la NASA o no. Simplemente envié el artículo”, recordó Ramanathan.
La revista Science publicó los hallazgos, y su trabajo apareció en la portada de The New York Times en 1975. La idea de que los CFC pudieran ser una fuerza tan poderosa para el calentamiento global también fue recibida con incredulidad, sobre todo por el propio Ramanathan, quien se embarcó en el proyecto puramente por curiosidad en un momento en que el cambio climático no era una preocupación apremiante.
En última instancia, Ramanathan estableció el hecho, ahora ampliamente aceptado, de que los gases de efecto invernadero distintos del CO2 son un importante contribuyente al calentamiento global, un conocimiento de vital importancia que sustentó la primera política exitosa de mitigación del cambio climático.
La Real Academia Sueca de Ciencias otorgó el jueves a Ramanathan, distinguido profesor de investigación en la Institución Scripps de Oceanografía de la Universidad de California en San Diego, el prestigioso Premio Crafoord, que para algunos de los galardonados ha sido un presagio del Premio Nobel.
“Ha ampliado nuestra comprensión de cómo la humanidad está afectando la composición de la atmósfera, el clima y la calidad del aire, y cómo estos tres factores interactúan”, declaró Ilona Riipinen, profesora de ciencias atmosféricas en la Universidad de Estocolmo, Suecia, y miembro del comité que otorgó el premio, dotado con 8 millones de coronas suecas (alrededor de US$ 900.000).
Ramanathan, quien estudió ingeniería en Bengaluru, India, antes de mudarse a Estados Unidos, afirmó que el primer gran avance de su carrera fue resultado de varias “casualidades” afortunadas que le permitieron conectar diferentes campos de estudio.
Tras graduarse con una licenciatura en ingeniería, trabajó durante un tiempo, sin mucha satisfacción, en una empresa de refrigeradores, asegurándose de que el refrigerante —los CFC— no se filtrara. A los 26 años, se mudó a Estados Unidos y comenzó un doctorado en la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, en un campo relacionado con la ingeniería.
Sin embargo, Ramanathan descubrió que su supervisor había cambiado inesperadamente de enfoque, y su tesis doctoral terminó detall