Por Federico Leiva, CNN en Español
Si de algo sabe el deporte es de redención. Historias de atletas que, tras un mal paso (o varios, como en este caso), logran volver al pedestal en el que alguna vez supieron estar, o que finalmente cumplen con una proyección hecha en alguna etapa de sus carreras. Es básicamente el caso de Samuel Richard Darnold (Sam Darnold en el mundo de la NFL), el actual mariscal de campo de los Seahawks de Seattle, uno de los dos equipos que el próximo 8 de febrero buscarán el ansiado trofeo Vince Lombardi en el Super Bowl LX.
Darnold puede estar orgulloso de llegar a la máxima cita del fútbol americano en Estados Unidos. En realidad, ya lo había conseguido con los 49ers de San Francisco en la temporada de 2023, aunque en aquella oportunidad como quarterback suplente (el titular era Brock Purdy). Esta es su primera vez como mariscal de campo titular en el partido que todos los jugadores quieren jugar.
Y no fue un camino fácil para Darnold, ni mucho menos. Sin bombos ni platillos, pero con algunos pergaminos de su etapa universitaria, fue seleccionado en la primera ronda del Draft de 2018 por los New Jork Jets, siendo el tercer jugador en ser seleccionado entre todos los posibles, incluso por encima de otros nombres como Josh Allen (hoy quarterback de los Buffalo Bills y MVP de la pasada temporada) y Lamar Jackson (ganador del Trofeo Heisman en 2016 y hoy en los Baltimore Ravens).
Su etapa en el área metropolitana de Nueva York no fue para nada buena. El equipo era un desastre y su llegada cambió poco. Fueron tres años seguidos de marca negativa (más derrotas que victorias) y ninguna aparición en la postemporada. A los quarterbacks se los recuerda por sus pases, pero el recuerdo más fresco de Darnold en los Jets fue una blanqueada a manos de los Patriots de Nueva Inglaterra (33 a 0), donde el nacido en California tuvo cuatro intercepciones y acabó en la banca diciendo “estoy viendo fantasmas”, en relación a la superioridad defensiva de los Patriots.
Por eso, a muy pocos les extrañó que los Jets aprovecharan su primera selección de Draft en 2021 para elegir a otro mariscal de campo, enviando a Darnold a otra franquicia en constantes apuros, los Panthers de Carolina, a cambio de migajas.
Con las Panteras los números no levantaron. La primera temporada comenzó bien, pero terminó siendo nefasta, con más intercepciones que pases de touchdown y una lesión que lo marginó varias semanas. En la segunda, Darnold comenzó como suplente, pero mejoró a nivel personal, aunque el equipo no tenía talento ni buenas conexiones en ofensiva, por lo que fue otro año sin postemporada, tras lo cual quedó libre.
El panorama había cambiado. Sin ofertas tentadoras, acabó uniéndose como jugador de reemplazo a un gran equipo como los 49ers de San Francisco, donde jugó poco, pero aprendió mucho. En sus propias palabras, “aprendí muchísimo, de los entrenadores y de los jugadores, siempre había mucha gente a la cual preguntar”.
Ese aprendizaje resultó clave. Kevin O’Connell confió en él para llevarlo a los Minnesota Vikings, donde acabó siendo titular por la lesión en la pretemporada del novato J. J. McCarthy. Darnold cambió allí dudas por aplausos. Formó una sociedad impecable con Justin Jefferson (uno de los mejores receptores de toda la liga), pasó por primera vez en su carrera las 4.000 yardas y metió al equipo en los playoffs. Sin embargo, falló en los momentos clave. Los Vikings perdieron el duelo por ser el mejor equipo de la conferencia en la última semana, y luego perdieron en la ronda de comodines siete días después. Aquello fue un mazazo. Los Vikings lo dejaron ir, apostando todo por McCarthy para este año.
Así se dio la llegada de Darnold a Seattle, ávido de un qu