Por Gonzalo Zegarra, CNN en Español
El Gobierno de Venezuela está a la espera de una oficialización de la sucesión del presidente Nicolás Maduro, capturado y trasladado a Nueva York, una vez que la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, asegurara que el líder chavista derrocado sigue siendo el único mandatario. Mientras tanto, las fuerzas del aparato chavista que manda en Venezuela desde hace más de 25 años están en pleno proceso de reconfiguración y evaluación luego del ataque militar de Estados Unidos y las amenazas de nuevos operativos.
El Tribunal Supremo de Justicia, que durante las últimas dos décadas ha servido para cimentar el poder del chavismo, ordenó que la vicepresidenta ejecutiva asuma como presidenta encargada. En ese papel, Rodríguez gobernaría con aún más capacidades que Maduro, ya que entra en vigor un decreto de estado de conmoción exterior que le otorga amplias facultades, como movilizar a la Fuerza Armada en todo el territorio, tomar la infraestructura de servicios públicos y activar “todos los planes de seguridad ciudadana”, según adelantó ella misma en septiembre pasado al anunciar el documento.
Sin embargo, Maduro, en sus casi 13 años como presidente, repartió el poder en varias esferas, pero estos ejes cívico y militar no siempre tuvieron una relación fluida, con algunas críticas cruzadas y hasta cuestionamientos públicos. Por eso, el nuevo Gobierno necesitará asegurar el consenso y lealtad en un momento de conmoción.
Rodríguez, que ocupa cargos en el Gobierno desde la época de Hugo Chávez, ha dirigido los ministerios de Comunicación, de Relaciones Exteriores, Economía y, hasta esta semana, el de Petróleo, puestos clave para la imagen, las relaciones y las finanzas del país. De ser oficializada, se convertiría en la primera mujer en encabezar el Ejecutivo en la historia de Venezuela.
Abogada de 56 años, contaba con la plena confianza de Maduro. En octubre desmintió como “mentira y carroña” un reporte de prensa que señalaba supuestas negociaciones con Washington para un gobierno de transición encabezado por ella.
El comando del ala civil y técnica lo lleva junto a su hermano, Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, figura clave para impulsar los proyectos de ley más significativos del chavismo, y representante del Gobierno en los infructuosos diálogos con la oposición y con la Casa Blanca.
Hasta ahora, el titular del Congreso ha guardado un silencio que contrasta con su habitual verborragia en redes sociales. Fue él quien tomó juramento a Maduro hace un año para un tercer mandato y es quien sigue a su hermana en la línea sucesoria establecida por la Constitución.
Durante años, cuando se habla del “número 2” del chavismo no se hace referencia a Rodríguez, sino a Diosdado Cabello, actual ministro del Interior, Justicia y Paz.
Fue uno de los políticos más cercanos a Chávez y ya atravesó un cimbronazo: era su vicepresidente cuando se produjo un breve golpe de Estado en 2002. Tras el rápido colapso del gobierno de Pedro Carmona, Cabello asumió brevemente la presidencia antes del regreso de Chávez y quedó marcado a fuego frente a militares y civiles como un dirigente que resistió el golpe.
En sus primeras declaraciones tras el ataque de EE.UU., hizo un llamado a la calma y a la unión: “Confíen en el liderazgo, en la dirigencia del alto mando político y militar para la situación que estamos atravesando”.
Estados Unidos ofrece US$ 25 millones por la captura de Cabello, así como US$ 15 millones por la detención del ministro de Defensa,