Por Max Saltman, Carolina Peguero y Abel Alvarado, CNN en Español
Como muchos otros cubanos que hoy rondan los 70 años, el primer recuerdo que tiene Alina Fernández de Fidel Castro es verlo en la televisión dando discursos interminables.
“Mi generación rezaba frente al televisor para que terminara de hablar y así poder ver nuestras caricaturas”, recordó en una entrevista con CNN el lunes. “Así crecí yo”.
Sin embargo, muy pocas personas de su generación comparten la segunda parte de ese recuerdo: cuando Castro —de quien más tarde supo que era su padre— pasaba por la casa familiar por las noches para visitar a su antigua amante, la madre de Alina.
Ahora, la hija de Castro —anticomunista desde hace décadas y exiliada en Miami— teme que su país adoptivo esté subestimando al gobierno de la isla de la que huyó, mientras la administración Trump impulsa un cambio de régimen en Cuba. Advierte que una acción militar estadounidense para derrocar al gobierno provocaría un enorme sufrimiento.
“No es la primera vez que se les dice a los cubanos que una invasión es inminente”, dijo a CNN. “Llevamos 67 años bajo invasión, o bajo la amenaza de una invasión. Estoy segura de que ellos están preparados. No sé cómo van a responder”.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, ha advertido que cualquier ataque militar de Estados Unidos contra Cuba terminaría en un “baño de sangre”. Fernández coincide.
“Sabemos que estos regímenes ponen a los civiles en la primera línea”, afirmó. “Cuando hay una situación de violencia militar o política, por decirlo así, eso es muy preocupante. Esa es la sensación que tengo: que mi alegría no va a coincidir con la manera en que llegue la solución. Va a ser muy doloroso”.
Fernández contó que descubrió “oficialmente” quién era realmente su padre cuando tenía 10 años. Pero cuando su madre le reveló que aquel visitante frecuente y nocturno en su casa de La Habana era su padre, “no fue una gran sorpresa”.
“Él era un visitante muy constante”, recordó.
Lo que sí sorprendió a Fernández fue descubrir que todos parecían saberlo antes que ella.
“Se lo conté a mi mejor amiga y me dijo que ella ya lo sabía”, relató. “Y junto con esa noticia vino una sensación de traición, de haber vivido engañada”.
Dice que no entiende qué fue lo que su madre vio en ese padre ausente, de quien no cree que quisiera a su madre ni remotamente tanto como ella lo amaba a él. Ambos se conocieron durante la revolución en los años 50 y comenzaron una relación. Fernández nació en 1956, tres años antes de que su padre descendiera de las montañas de Sierra Maestra y derrocara al régimen de Fulgencio Batista.
“Ella se pasó la vida hablando de él”, dijo sobre su madre, quien murió en 2015, un año antes de la muerte de Fidel Castro. “Siguió enamorada de él hasta el último día de su vida, algo que para mí es muy difícil de entender”.
Sentada en la pequeña cocina de su casa en Miami, Fernández insistió en que no se siente especial. Dice que ni siquiera se siente realmente hija de Fidel Castro. Irónicamente, ha encontrado en Miami —entre el ambiente anticastrista— “el único lugar cómodo” que ha conocido en su vida. Vive en un pequeño dúplex decorado con papel tapiz colorido y arte popular muy llamativo.
“Me siento como cualquier otro cubano”, afirmó Fernández. “Como una mujer, una exiliada y también una víctima”.
Fernández no comparte la ideología política de su difunto padre. Cuenta que quedó comple