Análisis de Aaron Blake, CNN
Mientras Estados Unidos e Irán intentan concretar un acuerdo para empezar a poner fin a la guerra, pocos detalles se perfilan tan importantes como lo que ocurra con las reservas nucleares de Irán.
No solo es un importante punto de discordia —con Irán indicando que no entregará su uranio altamente enriquecido—, sino que extraerlo podría ser muy complicado. Y el destino de estos materiales contribuirá en gran medida a determinar hasta qué punto la guerra del presidente Donald Trump ha “aniquilado” realmente la amenaza nuclear de Irán.
Sin embargo, al igual que con muchos de sus otros objetivos, el Gobierno de Trump ha sido muy inconsistente en cuanto a sus exigencias sobre este asunto.
Al aparecer en una sesión informativa en la Casa Blanca el jueves, el secretario del Tesoro, Scott Bessent, dijo que Irán entregara el uranio era una “línea roja” para Trump.
“Irán tiene que entregar su uranio altamente enriquecido”, dijo Bessent.
Trump afirmó en redes sociales este viernes que el uranio “será desenterrado por Estados Unidos… en estrecha coordinación y conjuntamente con la República Islámica de Irán, además del Organismo Internacional de Energía Atómica, y DESTRUIDO”.
El secretario de Estado, Marco Rubio, dijo el fin de semana pasado que Teherán necesita “entregar su uranio altamente enriquecido”.
“Estos son los argumentos que el presidente repite constantemente”, añadió Rubio.
Pero este no ha sido un punto consistente por parte del presidente. De hecho, a medida que Trump ha parecido ansioso por cerrar algún tipo de acuerdo para terminar la guerra, ha planteado repetida y llamativamente una resolución que se queda corta en que Irán entregue todo su uranio.
Eso no significa que ahí vaya a terminar un acuerdo; Trump hace muy poco esfuerzo por mantener la consistencia retórica. Pero se le podría perdonar pensar que este punto en particular era al menos algo negociable en su mente.
Trump primero pareció insinuar una exigencia más relajada a principios de abril, en una entrevista con Reuters.
A pesar de haber asegurado apenas tres días antes que Irán entregaría lo que él llama su “polvo nuclear”, Trump de repente sugirió que los materiales estaban enterrados tan profundamente gracias a los ataques estadounidenses del año pasado que ni siquiera importaban.
“Eso está tan profundo bajo tierra, que no me importa”, dijo.
Trump sugirió que los sitios donde el material está enterrado podrían simplemente ser vigilados —“Siempre lo estaremos vigilando por satélite”— y presentó a Irán como ya “incapaz” de obtener un arma nuclear.
No obstante, solo dos semanas después, en otra entrevista con Reuters el 17 de abril, Trump volvió a prometer que obtendría el uranio.
“Vamos a entrar con Irán, a un ritmo agradable y pausado, y bajar y empezar a excavar con maquinaria grande”, dijo Trump, y añadió: “Lo traeremos de vuelta a Estados Unidos”.
El 26 de abril, el presidente redobló la apuesta, al decir que “tenemos que tomar ese polvo nuclear. Vamos a tomarlo”.
Pero para mediados de mayo, Trump volvía a presentar el uranio enriquecido como algo no indispensable.
En una entrevista del 14 de mayo con Sean Hannity, de Fox News, aseguró que Teherán le había dicho que el uranio estaba tan enterrado que el propio Irán nunca podría acceder a él. También describió un esfu