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¿Quién es Luis Raúl González-Pardo, el expiloto militar cubano sentenciado a siete meses de prisión en EE.UU.?

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Por Anabella González, CNN en Español

El expiloto de la Fuerza Aérea de Cuba, Luis Raúl González-Pardo Rodríguez, uno de los acusados en el caso contra el expresidente Raúl Castro por el derribo de aviones de la organización de exiliados cubano-estadounidenses Hermanos al Rescate en 1996, fue sentenciado este jueves por otro caso, vinculado a fraude de inmigración, según documentos judiciales.

González-Pardo fue sentenciado por un tribunal federal de Jacksonville, Florida, a 7 meses de prisión por los cargos de “fraude y uso indebido de visas, permisos y otros documentos”, al ocultar su carrera militar en Cuba, de acuerdo con los registros.

El expiloto ya estaba bajo custodia desde su arresto el 7 de noviembre pasado, por lo que lleva más de 6 meses detenido.

El acusado “ha aceptado la responsabilidad de su conducta”, según señala el documento en el que se declara culpable y reconoce los cargos en su contra. CNN se contactó con el abogado de González-Pardo, Miguel Rosada, para conocer más detalles y espera respuesta.

Luis Raúl González-Pardo Rodríguez tiene 65 años y nació en Cuba. Es uno de los pilotos acusados por su presunta participación en el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate por parte de las Fuerzas Armadas de Cuba, en el que murieron cuatro personas —entre estas tres ciudadanos estadounidenses—, caso por el que el Departamento de Justicia de Estados Unidos presentó el 20 de mayo una acusación formal contra Castro.

En su adolescencia, González-Pardo fue designado por el Gobierno de Cuba para recibir entrenamiento de piloto en la Fuerza Aérea y de Defensa Aérea Revolucionaria cubana, donde sirvió durante aproximadamente 30 años, de acuerdo con la información judicial.

Al jubilarse en 2009, el expiloto trabajó en el Aeropuerto Internacional José Martí de La Habana en diversas tareas. En 2024 emigró a Estados Unidos “en busca de una vida mejor” con su hija y su yerno con un permiso humanitario. En EE.UU. trabajó hasta su arresto, en noviembre pasado, de acuerdo con documentos judiciales.

Según la acusación del Departamento de Justicia estadounidense (DOJ, por sus siglas en inglés) el expiloto “presentó o hizo que se presentara un Formulario I-485, Solicitud de Registro de Residencia Permanente o Ajuste de Estatus, que contenía declaraciones falsas al Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos”, (USCIS). Las declaraciones falsas “se referían a su participación anterior en la Fuerza Aérea y de Defensa Aérea Revolucionaria Cubana de 1980 a 2009”, dijo el DOJ.

“El pasado de este hombre como piloto militar durante muchos años al servicio del malvado régimen de Castro —que ha infligido un sufrimiento incalculable al pueblo cubano— debería haber sido un elemento central en su expediente de inmigración”, declaró en noviembre la por entonces secretaria de Justicia, Pamela Bondi.

En los documentos que el acusado presentó ante la Justicia, aclaró que cuando ingresó por primera vez a Estados Unidos en 2016 “declaró su servicio militar previo como piloto”.

Para la defensa González-Pardo, este hecho demuestra que “no siempre intentó ocultar sus antecedentes militares al gobierno de Estados Unidos”, y que las omisiones posteriores “parecen haber estado motivadas por el temor, la confusión y, quizás, la preocupación de que las respuestas veraces pusieran en peligro su permanencia en Estados Unidos con su familia tras escapar finalmente de las condiciones de Cuba”.

La sentencia por este caso contra González-

La ofensiva de Mullin contra ciudades santuario enfrenta críticas internas y externas

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Por Michael Williams, Alayna Treene y Alexandra Skores, CNN

El secretario de Seguridad Nacional, Markwayne Mullin, se ha obsesionado con la idea para castigar a ciudades y estados que no cooperen con la aplicación federal de las leyes de inmigración: recortar el personal de aduanas en sus aeropuertos y, posiblemente, detener por completo el procesamiento de viajeros internacionales.

Pero el ambicioso plan ya encontró obstáculos: ha dejado tambaleando a la industria de los viajes y a funcionarios locales por su potencial disruptivo, ha sido rechazado públicamente por otro secretario del gabinete y aún no ha recibido luz verde de la Casa Blanca.

Si los “demócratas de izquierda radical” no permiten que las autoridades federales apliquen las leyes de inmigración en sus comunidades, declaró Mullin a Fox News a principios de esta semana, “entonces tampoco deberíamos procesar vuelos internacionales a sus ciudades”.

“¿No quieren que hagamos cumplir la inmigración pero quieren que procesemos inmigración en sus instalaciones? Nada de eso tiene sentido para mí”, dijo el secretario.

Las aerolíneas, por su parte, no se han pronunciado sobre el plan ni sobre la proximidad de su implementación. De aprobarse, tendría enormes repercusiones para el comercio y el turismo en Estados Unidos, incluso si el Gobierno decidiera esperar hasta después de los próximos partidos del Mundial. Las interrupciones en cadena podrían afectar a aeropuertos estadounidenses, tanto grandes como pequeños, en estados republicanos y demócratas.

El secretario de Transporte, Sean Duffy, criticó el plan de Mullin durante una reciente audiencia en el Congreso: “No deberíamos cerrar los viajes aéreos en un estado que no está de acuerdo con nuestra ideología política”, dijo la semana pasada.

Y aunque Mullin sigue mencionando la idea en entrevistas con los medios, no hay planes inminentes para una medida así, informaron a CNN dos funcionarios del Gobierno de Trump familiarizados con el asunto.

Internamente, el impulso se ve más como un deseo personal de Mullin que como algo que provenga del Ala Oeste. Uno de los funcionarios dijo que Mullin ha estado “obsesionado” con la idea desde que juró como secretario de Seguridad Nacional en marzo, en sustitución de su predecesora, Kristi Noem, y la ha planteado sin que se lo pidieran durante reuniones en la Casa Blanca.

“Al presidente le encanta contar con un equipo que constantemente proponga nuevas ideas, pero en última instancia, las decisiones políticas recaerán sobre él”, declaró un funcionario de la Casa Blanca.

Si bien Mullin ha sido ampliamente considerado como una fuerza estabilizadora al frente del Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) tras un año caótico bajo el mando de Noem, y se ha acumulado la simpatía del presidente, su plan para el aeropuerto podría tener consecuencias significativas y de gran alcance.

Algunos funcionarios del Gobierno de Trump han reconocido en privado el caos que el plan podría causar en los viajes internacionales, y la industria ha señalado lo mismo públicamente.

“Reducir el personal de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) en los principales aeropuertos tendría un efecto devastador en las industrias aérea y turística, causando una importante interrupción operativa para las aerolíneas, los viajeros y el flujo de carga internacional”, declaró Airlines for America, una asociación comercial que representa a varias de las principales aerolíneas estadounidenses.

La Asociación de Viajes de Estados Unidos (US Travel Association), una organización nacional que defiende todos los aspectos de la industria turística del país, informó que sus representantes se reunieron recientemente con Mullin.
El secreta

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