Análisis de Nic Robertson, CNN
Con las conversaciones de paz estancadas y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sin ofrecer un calendario para poner fin a la guerra con Irán, la pregunta en boca de todos es quién puede soportar por más tiempo el costo de este conflicto. Hay indicios crecientes de que podría ser Irán.
Sin una amenaza inminente de reanudar una campaña de bombardeos devastadora, Irán está logrando su principal objetivo bélico: hacer subir el precio del petróleo, y con ello presiona a Trump para que acceda a algunas de sus demandas.
Trump, por su parte, no reconoce ninguna desventaja. “Tengo todo el tiempo del mundo, pero Irán no. El reloj corre”, escribió este jueves en redes sociales. “El tiempo no está de su lado”.
Mientras tanto, medios vinculados al Estado iraní especularon públicamente sobre qué podría atacar Teherán a continuación. La agencia semioficial Tasnim afirmó que “al menos siete” cables submarinos de datos que dan servicio a países del golfo Pérsico están agrupados a lo largo de un estrecho corredor del lecho marino en el estrecho de Ormuz.
Como ha comprobado la OTAN al enfrentar presuntos cortes de cables en el mar Báltico, este tipo de acciones asimétricas son costosas y requieren tiempo.
Las Fuerzas Armadas iraníes también están dando señales de una posible escalada convencional si no se cumplen las demandas de Teherán, al amenazar objetivos específicos en los estados vecinos del Golfo que aún reparan daños de la última ronda de ataques.
Entre los objetivos mencionados figuran la refinería de Ruwais, en Emiratos Árabes Unidos, y Abqaiq, en Arabia Saudita, la mayor planta de procesamiento de crudo del mundo.
La provocación iraní hacia sus adversarios no es nueva. Sin embargo, lo nuevo es un escenario en el que Irán aparece como un inesperado protagonista en un pulso con el poderoso Estados Unidos.
Puede que gran parte de la Marina iraní esté en el fondo del océano, como afirma el secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth. Pero pequeñas embarcaciones iraníes, con tripulaciones de dos a seis personas, están atacando buques de carga y petroleros cerca del estrecho de Ormuz con aparente impunidad.
No hay duda de que las Fuerzas Armadas estadounidenses podrían neutralizar con el tiempo esos enjambres de lanchas rápidas, pero el tiempo es un lujo que Trump no tiene. Y aunque Irán esté recurriendo a capacidades limitadas, por ahora parece contar con la ventaja del terreno frente al ejército más poderoso del mundo.
Trump, que suele valorar su capacidad de presionar a sus adversarios con una mezcla de bravuconería y fanfarronería, se ha mostrado menos vocal sobre Irán. Sus publicaciones volátiles de la semana pasada —en las que afirmaba que un acuerdo estaba cerca y que Irán entregaría “polvo nuclear” y pondría fin al enriquecimiento de uranio— se volvieron en su contra.
Irán respondió con una declaración de Mohammad Bagher Ghalibaf, el aparentemente poderoso presidente del Parlamento, quien escribió en X que Trump estaba “mintiendo”.
El resto ya es historia. Irán no se presentó a las conversaciones en Islamabad y las tensiones en el estrecho volvieron a aumentar. Las Fuerzas Armadas estadounidenses han interceptado más de 30 embarcaciones desde que inició su bloqueo contra puertos iraníes y buques vinculados.
Irán, aparentemente en lugares y momentos de su elección, ha atacado al menos cinco barcos en torno a la disputada ruta marítima comercial.
Como dijo esta semana Ghalibaf, el principal negociador de Irán, los iraníes creen que tienen la ventaja. En discursos recientes ha declarado que el enemigo ha sido “derrotado estratégicamente”.
Los iraníes son expertos en avanzar por etapas para conseguir lo que quieren. Negociadores de la administración Obama lo vieron de primera mano, cuando Irán fue reduciendo la resistencia a algunas de sus