Por Cindy Von Quednow, CNN
Habían estado separados durante 40 días, el período más largo que jamás habían estado separados.
Había abrazado a su hija incontables veces, pero tras semanas de separación forzada, su abrazo se sintió como la primera vez. Duró cinco minutos; madre e hija se abrazaron con fuerza, como si temieran separarse de nuevo si aflojaban el agarre.
“Lo lograste, mamá”, le dijo Damaris Bello, de 22 años, a su madre.
María de Jesús Estrada Juárez había logrado lo que parecía y cada vez era más imposible: regresó a Estados Unidos después de haber sido deportada por el Gobierno federal.
Estrada Juárez, quien llegó a Estados Unidos siendo adolescente y estuvo protegida por un programa de la era Obama durante unos 13 años, había sido deportada de Sacramento a México, país donde nació.
Ella se encuentra entre los cientos de miles de inmigrantes que viven en Estados Unidos bajo el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés). Y es una de las decenas de beneficiarios de DACA que han sido deportados, a pesar de que se supone que están protegidos contra la expulsión.
Entre el 1 de enero y el 11 de noviembre de 2025, 261 beneficiarios de DACA fueron arrestados y 86 fueron deportados, según el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés). El DHS no le brindó a CNN las cifras actualizadas cuando se le solicitaron.
Con la ayuda de un abogado, Estrada Juárez demandó al Gobierno federal, y un juez le ordenó a las autoridades que facilitaran su regreso seguro al país que ha considerado su hogar durante casi 30 años.
“Hoy se hizo justicia”, le dijo Estrada Juárez, de 42 años, a CNN en Español tras regresar a Estados Unidos el mes pasado. “Si mi caso puede ayudar a otras personas que luchan por reunirse con sus familias, entonces el dolor habrá valido la pena”.
Estrada Juárez forjó una vida en Estados Unidos tras llegar de Puebla, México, a los 15 años. Llegó, como muchos inmigrantes, en busca de una vida mejor, y para ayudar a su madre y a sus hermanos, según contó. Su estatus DACA le brindó una sensación de seguridad y pertenencia, afirmó.
El programa DACA, que comenzó en 2012, protege a cerca de medio millón de inmigrantes indocumentados que llegaron a Estados Unidos siendo niños.
Este programa permite a los beneficiarios trabajar y estudiar legalmente en Estados Unidos. Si bien la Corte Suprema impidió que el presidente Donald Trump clausurara por completo el programa en 2020, este sigue enfrentando desafíos legales.
Sin embargo, el punto crítico es que DACA no otorga estatus legal, según el DHS. Aun así, Estrada Juárez quería convertirse en residente y había comenzado el proceso.
Cuando le programaron la entrevista para ajustar su estatus migratorio para el 18 de febrero, se puso nerviosa. Había oído hablar de personas que habían sido detenidas y deportadas en audiencias de inmigración.
Pero gozaba de un estatus de protección, pensó Estrada Juárez, aunque no fuera permanente. Y tenía un historial limpio, sin antecedentes penales.
“Si estoy haciendo lo correcto y estoy siguiendo el camino correcto, ¿por qué tendría miedo?”, recordó haberse preguntado. “¿Por qué tendrías miedo en casa?”.
A medida que se acercaba la fecha de su cita, Estrada Juárez reflexionaba sobre el futuro que la residencia permanente le depararía a ella y a su familia: “un futuro mejor”, pensó. “Un futuro lleno de esperanza”.
“Fue un nombramiento que me cambió la vida”, dijo. “Este es el siguien