Por Christian Edwards, CNN en Español
En las últimas décadas, Estados Unidos y Rusia rara vez han respaldado al mismo candidato en una elección extranjera. Viktor Orbán, de Hungría, fue una excepción. Pero, al final, apoyaron al perdedor.
Para la Casa Blanca, Orbán, una referencia para los populistas de derecha, era clave en su impulso por una Europa más nacionalista y “afín”. Para el Kremlin, Orbán era el principal obstáculo a los esfuerzos de la Unión Europea por armar a Ucrania y reducir su dependencia de los combustibles fósiles rusos.
Pero ahora, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo ruso, Vladimir Putin, tendrán que prescindir de su aliado en Budapest. El Gobierno de Fidesz, liderado por Orbán, sufrió una contundente derrota mientras los votantes se volcaron hacia el partido opositor Tisza, de Péter Magyar, con una participación récord. La campaña de Magyar denunció la corrupción y el clientelismo que florecieron durante los 16 años de Orbán en el poder, y pidió romper con Rusia y mejorar las relaciones con la Unión Europea.
“Nuestro país no tiene tiempo que perder”, dijo Magyar a periodistas en Budapest el lunes. “Hungría está en problemas. Ha sido saqueada, traicionada, devastada”.
Si la victoria de Magyar fue un golpe para Trump y Putin, también fue un gran alivio para Europa. “Estoy muy feliz. Creo que estoy más feliz que tú”, dijo el primer ministro de Polonia, Donald Tusk, en una llamada con Magyar el domingo por la noche. El presidente de Ucrania, Volodymyr Zelensky, vilipendiado durante la campaña de Orbán, felicitó a Tisza y afirmó que Ucrania está “lista para avanzar en nuestra cooperación con Hungría”.
Cuando el nuevo Parlamento húngaro se constituya en los próximos 30 días, Magyar enfrentará importantes desafíos internos, desde impulsar la debilitada economía del país hasta reducir el control de Fidesz sobre los medios de comunicación y el poder judicial. Pero el próximo primer ministro también tendrá que equilibrar las exigencias de tres potencias —Estados Unidos, Rusia y la Unión Europea— que en los últimos tiempos han mostrado gran interés en los asuntos de Hungría.
El rumbo que trace tendrá consecuencias mucho más allá de sus fronteras.
Orbán, descrito alguna vez por Steve Bannon como “Trump antes de Trump”, desarrolló lo que se considera un “modelo” de gobernanza iliberal. Se presentó como defensor de la libertad de expresión y de los “valores tradicionales”, y criticó lo que llamó la influencia corruptora de la Unión Europea.
Además de respaldar las campañas presidenciales de Trump, Orbán cortejó al movimiento MAGA, posicionando a Budapest como una sede europea para los conservadores nacionalistas. A su vez, el Gobierno de Trump apoyó su campaña electoral, incluso con la participación del vicepresidente J. D. Vance en persona.
En respuesta a una pregunta de CNN en una conferencia de prensa en Budapest, Magyar dijo que la derrota de Orbán también fue “una gran derrota” para sus partidarios estadounidenses. “Orbán era su figura emblemática”, afirmó. “Era el cerebro intelectual detrás de esta lucha contra Bruselas”.
En un golpe al impulso al Gobierno de Trump por una Europa más cercana a las ideas de Orbán, Magyar dijo que su Gobierno no respaldará la infraestructura ideológica que Orbán construyó mediante generosas subvenciones estatales. Por ejemplo, el Mathias Corvinus Collegium (MCC), una institución educativa que, según críticos, forma a conservadores nacionalistas y que Vance visitó recientemente, se financia con una participación del 10 % en la mayor empresa de petróleo y gas de Hungría.