Por Francesca Street, CNN
Amelie Malmfält abrió el mensaje en el trabajo. Cuando vio el nombre de Kris Brock, su rostro se iluminó con una enorme sonrisa. No podía creerlo.
Era una nota sencilla, se había topado con sus padres en el aeropuerto, dijo. Se preguntaba cómo estaba. Había pasado un tiempo…
Todavía con una sonrisa, Amelie de inmediato empezó a redactar una respuesta en su cabeza.
“Una colega frente a mí dijo: ‘¿Recibiste buenas noticias o algo así?’”, recuerda Amelie.
“Y yo estaba como: ‘Oh, sí… más o menos’”.
La colega se mostró intrigada, así que Amelie continuó.
“Este chico, a quien conocí cuando tenía ocho años… y luego estuvimos juntos cuando yo tenía 18… acaba de escribirme para decir que se topó con mis padres en el aeropuerto”, comentó.
“Espera, ¿quién es este tipo?”, preguntó su colega, confundida.
“Es la persona con la que me voy a casar algún día”, respondió Amelie, todavía sonriendo.
La colega de Amelie arqueó una ceja. Se sorprendió. Sabía que Amelie estaba saliendo con otra persona. Amelie también se sorprendió por sus palabras. Pero entonces se reafirmó en lo que acababa de decir.
“No, este es con el que definitivamente me voy a casar”, aseguró, mientras su mente regresaba a donde todo comenzó.
La historia de Amelie y Kris comenzó en 1987. Los padres de Amelie eran suecos, y de niña asistió a una escuela primaria sueca en Londres. Era una institución diminuta, con solo 10 niños en su clase.
“Así que, en cierto modo, tenías que llevarte bien con todos, lo cual era agradable”, le dice Amelie a CNN Travel hoy. “Había prácticamente un reparto parejo de niños y niñas, y los 10 pasábamos el rato juntos todo el tiempo y nos divertíamos muchísimo”.
Kris se unió a la escuela el año en que Amelie cumplió ocho años. Desde el momento en que entró por primera vez al salón de clases, Amelie se sintió fascinada por él.
“Solo recuerdo cuando este chico sueco realmente exótico que había vivido en Australia llegó un día con un suéter amarillo brillante, que decía ‘Sydney’”, dice. “Rápidamente se convirtió en parte de un grupo de amigos”.
Para Kris, incorporarse a una nueva escuela era un poco intimidante, aunque estaba acostumbrado a los nuevos comienzos.
“Me había mudado mucho, a Asia, Hong Kong y Sydney, y luego llegué al Reino Unido, a la escuela sueca”, le dice hoy en día a CNN Travel. “Estaba un poco nervioso: empezar en una escuela nueva cuando tienes ocho años”.
Pero cuando Kris conoció a Amelie, sus nervios rápidamente se transformaron en emoción. Fue amor a primera vista… más o menos, en todo caso.
“Teníamos solo ocho años, pero recuerdo que Amelie fue la primera persona que me hizo pensar: ‘Guau’. Ya sabes, lo que sea que sientes cuando tienes ocho años. Era bastante inocente”.
Un día, a la hora del almuerzo, los niños estaban jugando “tag” (conocido como las traes, al pilla-pilla, la mancha, la pinta o la lleva, según varios lugares en español), en el patio. Kris “la traía” y perseguía a los demás niños, tratando de tocarlos en el hombro para marcarlos.
“Me pareció muy inteligente correr hacia el salón de clases, y luego cerré la puerta, que era una gran puerta de vidrio, pero también la cerré con llave, cosa que Kris no se dio cuenta”, recuerda Amelie.
Kris corrió detrás de Amelie para marcarla e intentó empujar la puerta para abrirla.
“Pero la puerta estaba cerrada con llave, así que salió volando a través de toda la ventana de vidrio, se estrelló contra toda la puerta de vidrio y la atravesó”, recuerda Amelie.
Aparte de unos cuantos rasguños, Kris salió ileso. Pero Amelie quedó impresionada por su entrega al juego.
“Y al día siguiente, había una notita en mi pupitre que decía: ‘¿Quieres ser mi novia? Marca sí o no’. Y yo estaba como: ‘Atravesó una puerta de vidrio. Creo que debería dec