Por Federico Leiva, CNN en Español
¿Dónde estaba este Real Madrid en la fase de liga de la Champions League? Es la primera pregunta que se le debe estar ocurriendo a todos los aficionados al fútbol este miércoles por la tarde. Y es que el Merengue lució irreconocible en el Santiago Bernabéu, pero para bien, porque, lejos de las dudas de las últimas semanas, los blancos le dieron una clase magistral al Manchester City en el partido de ida de la llave por los cuartos de final.
La lección del día que dictaron Álvaro Arbeloa y los suyos terminó 3-0, y pudo ser peor si Donnarumma no aparecía con una mano salvadora en el comienzo del segundo tiempo, o si no enmendaba su propio error para ahogarle el tanto de penal a Vinícius.
El Madrid, lejos de lo que muchos esperaban, se plantó en el campo como el rey de la competencia que es. Solo faltaba que mostrara sus 15 copas ante un City que rozó el papelón, y que solo se siente vivo porque el segundo juego es en casa y porque el fútbol conoce de épicas de sobra. Futbolísticamente, la serie se sintió terminada por momentos, aunque, efectivamente, no lo esté.
La historia del Madrid en la Champions es tan grande que hasta se inventa héroes en los escenarios más impredecibles. Alguna vez fue Andriy Lunin con sus paradas en los penales y en otras le tocó a Rodrygo. Esta vez fue Federico Valverde. El uruguayo se despachó con una actuación sensacional que incluyó una innumerable cantidad de duelos ganados y tres goles que parecen sacados del manual de definición.
El Real Madrid llegaba con siete jugadores lesionados, varios de ellos importantes, como Militao, Bellingham, Rodrygo y Mbappé. Sin embargo, el que pareció averiado fue el cuadro inglés, displicente para defender y sin ideas para atacar, comenzando temeroso en los primeros minutos y un colador durante buena parte del juego, especialmente en los primeros 45 minutos.
Fue en ese primer tiempo que el Madrid sacó la diferencia en el marcador. El primer capítulo de la trilogía goleadora de Valverde (primer triplete de toda su carrera) se escribió a los 20 minutos, cuando fue a buscar un despeje largo de Courtois sobre la banda derecha de ataque. El balón fue a espaldas de Nico O’Reilly, que inocentemente perdió al uruguayo que, en solo un toque, dejó atrás al defensor y quedó cara a cara con Donnarumma. Valverde tocó el balón a un costado suyo y definió con poco ángulo para el 1-0.
Solo siete minutos después, el uruguayo se recibió de optimista al ir a buscar como centrodelantero una descarga que le llegó de la manera menos pensada, con un toque de Ruben Días, que involuntariamente le dejó el balón servido para cruzarlo furiosamente hacia el 2-0.
Los dos goles de ventaja eran un gran premio para un buen Madrid, que poco a poco empezó a florearse con la pelota ante un City que hizo lo que los manuales dicen que nunca hay que hacer: salir a cortar el juego de a un jugador a la vez, dejando océanos de distancia entre su último defensor y el portero.
Minutos antes del final de la primera etapa llegó el golpe final, con una jugada que si fuera imagen va derechito al Louvre: Brahim Díaz picó un pase dentro del área ante una pasiva defensa celeste, Valverde llegó exigido, pero alcanzó a hacerse un autopase con vaselina a Marc Guéhi incluido, antes de definir cómodamente ante el portero italiano.
El segundo tiempo fue una fiesta en las gradas. El City pocas veces estuvo cerca del descuento, y cuando lo hizo, apareció el pie de Courtois. El partido más bien casi termina en barrida histórica, de no ser por el penal que Vinícius resolvió de mala manera ante Donnarumma, que antes ya había metido una mano salvadora al minuto del segundo tiempo.
Mucho de la clase del Madrid se debió a la pizarra de Arbeloa. El cuestionado entrenador del Merengue tuvo que resolver qué hacer ante la ausencia de su jugador más desequilibrante, Mbappé, y aprobó con nota sobres