Por Hannah Rabinowitz, CNN
A pocos días de que Estados Unidos lanzara una gran operación militar en Irán, el director del FBI, Kash Patel, despidió a una docena de agentes y miembros del personal de una unidad de contrainteligencia encargada de monitorear amenazas provenientes de Irán, según dos fuentes familiarizadas con el asunto.
Fueron removidos por una razón simple: todos habían participado en la investigación sobre la presunta retención de documentos clasificados por parte del presidente Donald Trump en su residencia de Mar-a-Lago.
Como resultado, Patel debilitó a la unidad de contrainteligencia del FBI con sede en Washington, conocida como CI-12, que maneja casos que van desde el manejo indebido de documentos clasificados hasta el seguimiento de espías extranjeros que operan en territorio de EE.UU.
Los despidos han incrementado la preocupación dentro del Departamento de Justicia y el FBI de que las investigaciones de contraterrorismo e inteligencia tras la operación militar en Irán podrían verse afectadas por una salida masiva de expertos en seguridad nacional, según múltiples fuentes familiarizadas con el asunto.
Y, al igual que la unidad CI-12, varios altos funcionarios fueron removidos o reasignados debido a su participación en investigaciones relacionadas con Trump, según las fuentes. Las salidas han costado al Departamento de Justicia y al FBI décadas de experiencia combinada en la identificación de los tipos de amenazas que, según las fuentes, podrían surgir tras la Operación Epic Fury.
El Departamento de Justicia no respondió a una solicitud de comentarios. El FBI declinó comentar sobre asuntos de personal, pero dijo a CNN en un comunicado que la agencia “mantiene una sólida operación de contrainteligencia, con personal en todo el país”.
“Nuestros equipos siguen plenamente comprometidos en todo el país y están preparados para movilizar cualquier recurso de seguridad necesario para asistir a socios federales, así como a las fuerzas del orden estatales y locales”, dijo un portavoz del FBI.
The New York Sun informó primero que empleados de la unidad CI-12 habían sido blanco de los despidos de la semana pasada.
Durante el primer mandato de Trump, la unidad CI-12 fue clave en el seguimiento de posibles amenazas del régimen iraní en represalia por el ataque con dron de 2020 que mató al general Qasem Soleimani, entonces líder de la Fuerza Quds del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica.
Desde entonces, actores respaldados por Irán han sido acusados de conspiraciones para asesinar a funcionarios estadounidenses a quienes Irán responsabiliza por la muerte de Soleimani, entre ellos Trump, el ex secretario de Estado Mike Pompeo y el ex asesor de seguridad nacional John Bolton.
Las amenazas han continuado pese a años de acciones de las fuerzas del orden para desarticularlas, según un informe conjunto del FBI y el Departamento de Seguridad Nacional obtenido por CNN.
El informe no clasificado, redactado en agosto pasado, describía a los servicios de seguridad de Irán como “adaptables y oportunistas” y detallaba cómo el país ha reclutado operativos en el extranjero cuyas identidades encubren la participación iraní, como miembros de pandillas de motociclistas y narcotraficantes, así como el uso de palabras clave, teléfonos desechables y criptomonedas en esos complots.
No hay indicios de que hayan aumentado las amenazas ni de que se hayan activado “agentes durmientes” desde que EE.UU. lanzó los primeros ataques contra Irán, dijo una persona a CNN. No obstante, las autoridades del orden público en el país han intensificado el monitoreo de posibles amenazas, como suele ocurrir tras un conflicto militar en el extranjero.
Durante décadas, agentes y fiscales del Departamento de Justicia han trabajado para identificar y frustrar amenazas de actores respaldados por Irán en territorio estadounidense, en