Análisis por Gabriela Frías, CNN en Español
En el Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe 2026, de la semana pasada, siete jefes de Estado dejaron un mensaje claro o más bien una intención: hacer de esta una región que trabaje más unida, mejor coordinada y más integrada para lograr una voz propia que pueda influir en las decisiones globales.
Ese propósito no es gratuito. El contexto internacional obliga a los presidentes a reconocer la urgencia de priorizar el pragmatismo sobre la ideología, la unión sobre la división. Los discursos de los mandatarios de Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala y Panamá; del primer ministro de Jamaica y del presidente Electo de Chile reflejan la reacción a un desafío que desde hace un año impone al mundo el presidente Donald J. Trump.
Los ajustes impuestos por su administración provocaron 12 meses intensos de cambios de reglas y criterios para comerciar, para hacer negocios, para considerar alianzas en la región y el mundo. Trump ha lanzado una batería de medidas de alto impacto para más de un centenar de países: impuso aranceles sobre México y Canadá y luego aranceles “recíprocos” de forma generalizada.
Para cimentar su lógica, a principios de diciembre de 2025, la administración Trump presentó su Estrategia de Seguridad Nacional, un documento en el que describe el principio de “America First” como la brújula única hacia adelante: la paz a través de la fuerza y seguridad económica a través del comercio y el manejo de las cadenas de suministro, entre otros.
Incluido en ese documento, está el Corolario Trump a la Doctrina Monroe, que apela a esas tesis “para restaurar la preeminencia estadounidense en el Hemisferio Occidental, proteger nuestra patria y nuestro acceso a zonas geográficas clave en toda la región”.
Días antes de la cita de Panamá, llegaron desde otro encuentro internacional reacciones de líderes mundiales a los 12 meses de caos, de incertidumbre.
El Foro Económico Mundial en Davos fue el primer escenario donde varios jefes de Estado admitieron su frustración y desconcierto ante meses de opiniones, desafíos, críticas, sorpresas súbitas desde la red Truth Social de Trump.
Del mundo impulsado por la ley del más fuerte y de un giro hacia la autocracia, habló el presidente francés, Emmanuel Macron. El canciller alemán, Friedrich Merz, mencionó la sacudida que han sufrido los cimientos del orden internacional basado en el derecho internacional. Es un nuevo mundo de grandes potencias que —dijo— se construye sobre el poder, la fuerza y en última instancia sobre la violencia.
Fue la franqueza del mensaje de Mark Carney la que capturó la atención internacional en Davos. El exbanquero central convertido en primer ministro en marzo pasado nos avisó en Davos que esto que vivimos es la ruptura del orden global —no una transición— y que la nostalgia no es estrategia.
Carney lleva meses diciendo que su relación con Estados Unidos nunca volverá a ser la misma. Al igual que con los países europeos, Trump ha sido particularmente más severo con los aliados más cercanos de Estados Unidos, como México o Canadá —socios también en el acuerdo comercial T-MEC, cuya revisión se acerca este año.
El primer ministro canadiense no pierde el tiempo. En su estrategia para diversificar mercados, reporta negociaciones con India, Tailandia, Filipinas y el Mercosur y activó ya alianzas estratégicas con Qatar y, la más notoria, China. La alianza abrirá el mercado canadiense a un número limitado de autos eléctricos chinos, cuando hace dos años Canadá se sumó a Estados Unidos para imponer un arancel del 100% a esas unidades chinas. Así cambian los tiempos.
Siete días después de Davos, llegó la cita anual de líderes latinoamericanos en Panamá, para hablar de cómo lograr una sola voz e influir en una coyuntura como la actual.
El Foro CAF 2026 fue el primer encuentro de jef