Análisis de Aaron Blake, CNN
Incluso después de una conferencia de prensa la mañana de este jueves por parte del nuevo líder del Gobierno de Donald Trump en la ofensiva migratoria en Minneapolis, Tom Homan, todavía no está claro exactamente cuánto cambiará la misión tras la muerte de Alex Pretti.
Pero lo que sí es absolutamente claro es que el Gobierno teme el costo político del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) y de sus operaciones de control migratorio en este momento.
Una serie de nuevos acontecimientos —no solo en Minneapolis, sino también en Maine y Washington— lo demuestran.
Incluso cuando Homan da señales de que habrá un esfuerzo más suave, más enfocado y apegado a las normas, y menos agentes en Minneapolis, recibimos noticias de que Trump está retirando la operación en el otro estado donde ha iniciado un esfuerzo similar de control migratorio.
Mientras tanto, la Casa Blanca y los republicanos parecen estar preparándose para hacer concesiones legislativas significativas en materia de cumplimiento migratorio para evitar un cierre del Gobierno.
Aún queda mucho por desarrollarse. Pero desglosaremos dónde estamos.
La gran pregunta en este momento es qué sucede en el terreno en Minneapolis.
La conferencia de prensa de Homan de este jueves fue ligera en detalles, pero contundente en sugerencias de un nuevo rumbo.
Quizás la mayor noticia fue que Homan dijo que habría una “reducción”. No dijo cuán grande ni cuán pronto; en cambio, dijo que el plan aún se está elaborando. Pero sí dio a entender que sucedería al menos en cierta medida independientemente de las condiciones en el terreno.
“Sí, lo dije”, afirmó. “Reducir el número de personas aquí”.
“La reducción va a suceder, basándose en estos acuerdos”, añadió. “Pero la reducción puede ser aún mayor si la retórica de odio, los obstáculos y la interferencia cesan”.
Homan también enfatizó repetidamente que las operaciones serían “dirigidas” y se enfocarían en los riesgos para la seguridad y la seguridad nacional, lo cual sugiere que el Gobierno está menos interesado en redadas amplias y detener a personas al azar.
Por supuesto, el Gobierno ha insistido durante mucho tiempo en que sus acciones de cumplimiento están “dirigidas”. Pero Homan dijo que su enfoque sería diferente, señalando que el esfuerzo “se desvió” de ese enfoque dirigido “un poco”.
Homan hizo una serie de comentarios que parecían destinados a distanciarse de la actitud previa del Gobierno de no pedir disculpas y nunca dar marcha atrás.
“No quiero escuchar que todo lo que se ha hecho aquí ha sido perfecto”, dijo Homan en un momento. Añadió que los agentes que no actúen con profesionalismo “serán sancionados” y que la operación sería “más segura” y “en regla”.
Eso podría interpretarse como un reproche al destituido jefe de la operación en Minneapolis, Gregory Bovino, quien dijo la semana pasada que “todo lo que hacemos cada día es legal, ético, moral, bien fundamentado en la ley”. Incluso podría leerse como una corrección al asesor de la Casa Blanca, Stephen Miller, quien a principios de este mes afirmó que ICE tenía “un historial impecable de deportación de no ciudadanos”.
Por otro lado, Homan al menos trató de combatir la idea de que se trataba de una capitulación. Criticó repetidamente la retórica de los manifestantes —aunque reconociendo su derecho a protestar— y dijo que el Gobierno “no está renunciando” a su misión.
“Me quedaré hasta que el problema des