Por Francesca Street, CNN
Natalie Malouf pensaba a menudo en el hombre que había conocido en el avión a Londres.
No era una conexión romántica, exactamente. Pero en cuanto empezaron a hablar, la conversación estuvo impregnada de una facilidad particular.
“Cuando hablaba con él, se sentía tan natural”, le cuenta ahora Natalie a CNN Travel. “Se sentía como si estuviera hablando con alguien a quien había conocido desde hace muchísimo tiempo. Creo que eso es parte de la razón por la que la conversación simplemente siguió y siguió”.
Al comienzo de ese vuelo en 2016, Natalie, quien estaba en la mitad de sus veintes, había coqueteado de manera más consciente. Cuando su vecino de asiento no le correspondió, bajó un poco el tono.
Pero la conversación siguió fluyendo.
“Sentía como si alguien me estuviera tocando el hombro, como: ‘Presta atención a este tipo’. Había simplemente esta sensación más allá de: ‘Oh, qué lindo conocer a alguien nuevo’. Era casi como esta compulsión”.
Cuando el vuelo aterrizó en Londres, ella le preguntó al hombre si quería mantenerse en contacto. Intercambiaron correos electrónicos. Ella esperaba que, al menos, pudiera convertirse en un amigo a distancia.
Por un tiempo, lo fue.
Se enviaron algunos correos y se intercambiaron números por si alguna vez terminaban en las ciudades del otro. Pero la conversación pronto se fue apagando.
Natalie no se sorprendió. Vivían en lugares distintos. Llevaban vidas separadas. Y aunque ella creía firmemente en la idea de que hombres y mujeres podían ser amigos, la intensidad de esa conexión en el avión no parecía del todo platónica. Y el hombre del avión no parecía estar interesado en el romance. Quizás tenía pareja. Ella no quería cruzar ningún límite.
Así que Natalie se ocupó de su vida en Dallas, Texas: trabajo, citas, vacaciones, amigos.
Y luego, un día de 2017, casi un año después de que se conocieron, Natalie recibió un mensaje del hombre del avión, de la nada.
Se sorprendió al ver su nombre aparecer en su teléfono. Tocó la notificación. Para su sorpresa, era un solo emoji: una rosa.
El hombre del avión era Juan Prieto. Colombiano é, Juan estaba a comienzos de sus treintas y trabajaba como profesor investigador en la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill. También había pasado cinco años trabajando en su doctorado en Francia.
“Para el final de mi estadía en Francia, me estaba sintiendo un poco solo, diría, y entonces decidí irme de Francia”, le comenta Juan a CNN Travel.
“Estaba saliendo con alguien. En ese momento todavía estábamos saliendo y, de hecho, yo iba de regreso para visitar a esta persona”.
Juan sentía que la relación se estaba desmoronando lentamente, pero trataba de hacer que funcionara. Así que ese día de diciembre de 2016 abordó el vuelo desde el Aeropuerto Internacional Raleigh-Durham de Carolina del Norte hacia Londres, con la intención de hacer escala en Francia y visitar a su pareja.
Casi pierde el vuelo. Estaba sentado en la puerta con su laptop, trabajando en un artículo de investigación, cuando se dio cuenta de que era la última llamada para el vuelo de American Airlines a Londres Heathrow. Se apresuró a juntar sus cosas y corrió al avión en el último momento.
“Me estaba apurando para encontrar mi asiento”, recuerda.
Nervioso, ubicó su fila y vio a una mujer sonriente sentada sola, mirándolo.
“Pensé: ‘Oh, tengo a una persona agradable sentada a mi lado, genial’”, comenta Juan. No esperaba que ella conversara, pero parecía lo suficientemente acogedora.
“Lo que pasó después es que cerraron las puertas y entonces el asiento entre nosotros estaba vacío”, recuerda.
Eso fue lo que llevó a Natalie y a Juan a empezar a hablar por primera vez.
Ella habló primero, señalando el asiento vacío: “Oh, genial, vamos a poder estirarnos”, dijo, t