Análisis por Clare Sebastian, CNN
Al menos en la superficie, pareció haber sido uno de los mejores encuentros cara a cara entre los presidentes Donald Trump y Volodymyr Zelensky, el sexto en un año en el que esta relación se ha deteriorado hasta casi romperse y ha requerido reparaciones constantes y minuciosas.
El ambiente, cuando salieron del comedor de Mar-a-Lago, fue conciliador. Zelensky vestía traje —el mismo atuendo negro sobrio que había usado en la Casa Blanca en octubre—. Trump calificó la reunión como “excelente” y preguntó si Zelensky y su general, que “parece sacado de un casting central”, habían disfrutado la comida. Incómodo, sí, pero muy lejos de la humillación pública del líder ucraniano que se vivió en la Oficina Oval en febrero.
Y, sin embargo, bajo el velo de la cortesía, hubo una retórica del presidente de Estados Unidos que sugiere que su posición por defecto en las negociaciones sigue siendo presionar a Kyiv mientras apacigua a Moscú.
En la cuestión más difícil de todas —el territorio— Trump llegó a sugerir en un momento que de todos modos podría ser “tomado” en los próximos meses, al preguntar: “¿No están mejor haciendo un acuerdo ahora?”. Fue una línea inquietantemente similar a la del asesor del Kremlin Yuri Ushakov, al resumir una llamada entre el presidente Vladimir Putin y Trump más temprano ese domingo: “Dada la situación en las líneas del frente, tendría sentido que el régimen ucraniano adoptara esta decisión sobre Donbás sin demora”.
Ese eco no pasó desapercibido en el Kremlin. El portavoz de Putin, Dmitry Peskov, señaló en una llamada con periodistas que Trump “aparentemente les recordó [a la parte ucraniana] que Ucrania está perdiendo territorio y seguirá perdiéndolo”. Mientras las fuerzas rusas continúan avanzando lentamente en la región oriental de Donbás, Putin ha exigido que Ucrania ceda tierras que Rusia aún no ha logrado ocupar.
El Kremlin ya se sentía confiado en su capacidad para influir en el presidente estadounidense. En los días previos a la cumbre de Alaska entre Trump y Putin, en agosto, líderes europeos trabajaron intensamente para convencer a Trump de que era necesario un alto el fuego antes de iniciar negociaciones de paz, algo que Moscú siempre ha descartado. Al final, fue Putin quien ganó ese argumento y, más de cuatro meses después, Trump todavía parece respaldar su postura.
“Él [Putin] siente que, miren, saben, están luchando para detenerse y luego, si tienen que volver a empezar, que es una posibilidad, no quiere estar en esa posición. Entiendo esa postura”, dijo Trump el domingo.
La aparente retirada del alto el fuego de la mesa ha creado ahora un nuevo punto muerto. Aunque Ucrania parece cada vez más abierta a discutir concesiones territoriales, Zelensky ha dejado claro que ceder o cambiar el estatus del territorio ucraniano probablemente requeriría un referéndum, algo que —según dice— no puede ocurrir sin un alto el fuego de al menos 60 días.
Sin alto el fuego no hay referéndum, y sin referéndum podría no haber concesiones territoriales por parte de Ucrania y, en última instancia, ningún acuerdo. Así que volvemos al carrusel diplomático, comprando cada vez más tiempo para que Rusia ataque.
“Rusia quiere seguir presionándonos. ¿Y cómo se ve esa continuación? Guerra, misiles, artillería”, dijo Zelensky en declaraciones a periodistas la mañana del lunes. Mientras hablaba, la mayoría de las regiones ucranianas iniciaban la semana con apagones regulares, y más de 9.000 hogares en la región de Kyiv despertaron sin electricidad.
No sorprende entonces que el presidente ucraniano se moviera incómodo de un pie a otro mientras escuchaba a Trump describir a Putin como “muy bueno” en el tema de la central nuclear de Zaporiyia, que Rusia tomó por la fuerza en marzo de 2022 y ocupa desde entonces.
“El presidente Putin en realidad está trabajando con Ucrania para reabrirla. Es