Por Jimena De La Quintana, CNN en Español
“Yo quiero una pistola por Navidad”, le dice al padre Elky Segura uno de los niños que juegan en la puerta del ‘Comedor parroquial León XIV”. “Pistola no, es malo”, le contesta el padre con una sonrisa. “De juguete”, aclara el pequeño.
Los niños ríen y hacen bulla; el viento levanta la tierra afuera del comedor de material prefabricado. Adentro, cerca de la cocina, pequeña y muy sencilla, las fotos del entonces monseñor Robert Prevost están pegadas en la pared, como una estampita que los cuida. Son de 2018, año en el que inauguró el lugar con fondos de Cáritas, la confederación de la iglesia para obras sociales.
En la cocina, Rosita y Daria sirven el almuerzo a una parte de las 70 personas que comen en este lugar a diario. Daria cuenta que su día inicia a las 6:30 de la mañana. “Soy la que hace las compras, me voy al mercado. Yo le pregunto a Rosita un día antes qué se va a hacer”. Así, desde las nueve de la mañana, Rosita hace el milagro de todo cocinero.
El padre Elky Segura es párroco de la parroquia Señor de los Milagros de la Diócesis de Chiclayo, que tiene cuatro capillas. En una de ellas, está el comedor inaugurado por Prevost.
“Moseñor Prevost, viendo que aquí había una capilla y un terreno amplio, decidió construir con Cáritas” el comedor y “los primeros atendidos fueron venezolanos”, dice en referencia a la gran cantidad de migrantes que había en 2018. Chiclayo es una de las ciudades con mayor cantidad de migrantes venezolanos de Perú y una alta porción de ellos viven en la vulnerabilidad, según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
A partir del nombramiento de Prevost como papa, en mayo pasado, “le hemos puesto León XVI”, cuenta a CNN Elky Segura. El comedor queda en San Antonio, una zona de bajos recursos de Chichayo.
El padre Elky conoció al hoy papa León XIV en 2015, meses después de su llegada a Chiclayo, donde vivió de 2014 a 2023. “Es un pastor prudente, escucha mucho, no toma decisiones improvisadas, reflexiona mucho, discierne. Él nunca ha tenido un sacerdote amigo, en particular, con todos era igual, no había distinción”, dice Elky.
Para Elky Segura, su mayor legado es la enseñanza que les dio para “abrir los ojos a los más necesitados”.
Y esa enseñanza y el recuerdo de Prevost estarán en cada rincón de la ciudad en esta Navidad, la primera del exobispo de Chiclayo como papa.
En el comedor, Daria y Rosita, gracias a una donación, reparten víveres por Navidad a quienes almuerzan allí. Daria, increíblemente, conoce el nombre de cada uno de los beneficiarios, “ella Irene, ella Amanda…”. Con su celular, quiere capturar la entrega de los alimentos, pero se detiene de pronto. “Un ratito porque no he filmado nada”, ríe, cuando se da cuenta que no ha presionado el botón para grabar.
Daria conoció a Prevost mientras él realizaba su trabajo pastoral. Como muchos en Chiclayo, tiene una foto con el hoy papa. Rosita también lo conoció y recuerda que veía a Prevost llegar a la capilla como obispo de Chiclayo. Su deseo para el 2026 es “que venga a conocer, darle un abrazo ya como nuestro papa”, dice sonriendo.
Robert Prevost vivió y trabajó en el obispado de Chiclayo durante 8 de los más de 20 años que estuvo en Perú. En la puerta del edificio, Jimmy, encargado de la seguridad, saluda a CNN como en mayo 2025, cuando el mundo se preguntaba dónde quedaba Chiclayo, la ciudad que el nuevo papa había mencionado como su “querida diócesis” durante su discurso inaugural como León XIV.
El ingreso al obispado está decorado con motivos navideños y una foto en tamaño real del ahora Papa León XIV. También hay fotos de Prevost desde que era un niño desconocido hasta convertirse en papa. Jimmy, que lo vio tantos años entrar y salir por la puerta del obispado, también tiene una foto con él.
En el patio decorado por Navidad, Prevost dio su último me