Por Issy Ronald, James Frater y John Torigoe, CNN
Cuando una embarcación bajo ataque en el estrecho de Ormuz pide ayuda, suena un teléfono negro en la esquina de una oficina. No tiene nada especial: es simplemente un teléfono de oficina normal, una reliquia de los años 90.
Pero cuando entra una llamada, las tres personas de turno en esta pequeña oficina ubicada en las afueras de Portsmouth, en la costa sur de Reino Unido, se convierten de repente en una pieza central del actual conflicto en Medio Oriente.
Porque allí funciona el Centro de Operaciones Comerciales Marítimas del Reino Unido (UKMTO, por sus siglas en inglés), un organismo afiliado a la Marina Real británica que monitorea el tráfico marítimo en el mar Rojo, el golfo Pérsico y el norte del océano Índico.
Y desde que Irán cerró de facto el estrecho de Ormuz hace más de dos meses en respuesta a los ataques de EE.UU. e Israel contra el país, la cantidad de llamadas de emergencia que recibe el UKMTO se disparó.
Los primeros momentos después de recibir una llamada “pueden ser realmente estresantes”, dijo la comandante Jo Black, jefa de operaciones del UKMTO. “La embarcación puede estar siendo atacada activamente. Se pueden escuchar alarmas y sirenas de fondo. En algunas ocasiones incluso hemos oído disparos”, dijo a CNN.
Las embarcaciones comerciales que atraviesan el estrecho de Ormuz han enfrentado todo tipo de amenazas mientras Teherán intenta imponer su control sobre esta vía marítima crucial, por donde transita una parte significativa del suministro mundial de petróleo, gas y fertilizantes, en respuesta a la campaña de EE.UU. e Israel. Algunos barcos han sido alcanzados por misiles iraníes, otros atacados con drones y otros rodeados por embarcaciones rápidas de ataque.
A medida que la guerra entra en su tercer mes, la naturaleza de la amenaza iraní en el estrecho está cambiando, señaló Black.
“A comienzos de marzo veíamos claramente acciones militares. … Más recientemente parece estar cambiando hacia acciones de tipo policial, con embarcaciones siendo interceptadas al aproximarse al estrecho de Ormuz, interrogadas, obligadas a verificar sus declaraciones y, en algunos casos desafortunados, detenidas”, dijo.
Una vez que un barco reporta un ataque de este tipo, la oficina del UKMTO entra rápidamente en acción. Su personal, conocido como watchkeepers, habla con la tripulación de la embarcación y contacta a otros barcos cercanos para advertirles sobre el peligro y preguntar si pueden ayudar o aportar más información. También se comunican con las compañías navieras afectadas, guardias costeras locales y fuerzas militares en la región que podrían asistir.
El centro opera con un equipo de apenas 18 personas, que trabajan en turnos de 12 horas, lo que significa que siempre hay tres watchkeepers de guardia en cualquier momento, a veces apoyados por un analista.
“Si llama al UKMTO, obtendrá una respuesta”, dijo Black. “No podemos garantizar que haya una comunidad internacional disponible para responder directamente, pero sí nos aseguraremos de compartir su información con la mayor cantidad posible de actores para intentar generar una respuesta”.
El organismo ha registrado 44 incidentes desde que comenzó la guerra con Irán: una mezcla de daños a barcos, encuentros peligrosamente cercanos e incidentes evitados por poco. Diez marineros han muerto en esos incidentes, dijo Black.
Incluso a miles de kilómetros de distancia, conectados con la crisis únicamente por una línea telefónica, el trabajo puede ser estresante para los watchkeepers, que están “gestionando una situación altamente emocional”, añadió. Muchas veces también establecen vínculos con las personas a bordo.
A pesar de la frenética respuesta cuando suena el teléfono, “un día típico es relativamente tranquilo”, dijo Black. Filas de pantallas de televisión muestran distintos mapas de la región