Por Emiliano Giménez, CNN en Español
El presidente de Argentina, Javier Milei, no descarta presentarse el año que viene en las elecciones que definirán si sigue en la Casa Rosada. Si bien no ha manifestado explícitamente que va a participar de esos comicios, cuando se le pregunta por su reelección argumenta que si su gobierno tiene buenos resultados, la gente lo va a respaldar. Una forma de postularse, sin hacerlo completamente.
Ese sigiloso deseo se enfrenta a varios desafíos que inclinarán la balanza electoral en 2027. La actividad económica es uno de ellos. Después de un par de meses de reanimación, febrero demostró que mover el aparato productivo argentino no termina de ser una tarea sencilla. Durante el segundo mes del año, la economía se contrajo un 2,6% con respecto a enero y un 2,1% interanual. Los sectores más demandantes de empleo siguen con signo negativo y la actividad se sostiene en rubros poco intensivos en materia de creación de trabajo. Construcción, industria y comercio, los tres pilares de la ocupación en Argentina, volvieron a caer, como lo hacen desde diciembre de 2023.
En consecuencia, la desocupación va en aumento y pone también en jaque el proyecto reeleccionista de Milei. El último dato oficial es del cuarto trimestre de 2025. En ese período, el porcentaje de desempleados creció casi un 1 % y afectó a más de un millón de personas.
Mientras se destruye empleo, también cierran empresas. En los primeros dos meses del año, bajaron sus persianas más de 2.000 compañías, de acuerdo con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo.
Los salarios siguen perdiendo contra la inflación. Según el INDEC, experimentaron una suba del 2,4 % en febrero, por debajo del aumento del costo de vida en el mismo mes (2,9 %).
Entre sus principales activos, el gobierno conserva aún los denominados superávit gemelos (fiscal y comercial), pero el frente fiscal también enciende alarmas. Como un perro que se muerde la cola, la caída de la actividad genera una menor recaudación de impuestos, lo que a su vez demanda políticas más contractivas para mantener el orden fiscal, pero estas son precisamente las que generan un ritmo más moderado de la expansión de la economía. Ese círculo vicioso tuvo otro capítulo en abril, cuando la recaudación impositiva subió un 27,2 % interanual, pero cayó en términos reales al compararla con la inflación del mismo lapso.
El gobierno encontró un alivio esta semana. Fueron diez meses consecutivos sin buenas noticias sobre la inflación. Es cierto que no subió durante todo ese tiempo, porque hubo empate en algunas comparaciones mensuales. Pero nunca había bajado. La última vez que lo había hecho fue en mayo de 2025. Es por eso que el dato de abril que difundió este jueves el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) rompe una racha negativa que se había convertido en un problema para el gobierno, por la incidencia del nivel de precios en el humor social, pero también porque la baja de la inflación es uno de los activos centrales de la gestión de Milei.
Durante el cuarto mes del año, el índiuce de precios subió un 2,6 %, fue el aumento más moderado desde noviembre de 2025 (2,5 %) y representa una contracción del 0,8 % con respecto a marzo (3,4 %).
El INDEC informó también que la variación interanual del índice de precios fue del 32,4 % en abril, algo más baja que en marzo (32,6 %), lo que refleja también la desaceleración de la inflación mensual.
La medición del primer cuatrimestre del año arrojó una inflación acumulada del orden del 12,3 %. Es decir que, durante los primeros cuatro meses del año, el costo de vida ya superó la previsión que hizo el gobierno para todo 2026. El presupuesto aprobado por el Congreso de Argentina estimaba una inflación del 10,1 % punta a punta.
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