Por Federico Leiva, CNN en Español
España es campeón del mundo y nadie puede discutir el merecimiento de este logro. Y eso, en un deporte que es tan divisivo como el fútbol, sin grises, solo blanco y negro, de vencedores y vencidos, dice mucho de esta selección que por segunda vez en su historia toca el cielo con las manos.
Pero hay algo incluso mucho más importante para esta España, amante de las formas por sobre los resultados: ganó el Mundial 2026 con su escuela como bandera, jugando buen fútbol, tratando el balón como nos enseñan a todos desde chiquitos, como seguro gran parte de esta camada de jugadores aprendió. Fue fiel a su estilo, no se traicionó nunca y ganó el Mundial de punta a punta.
Fue tan bueno lo de España que el empate en el debut ante Cabo Verde pasará casi como un accidente, como un traspié necesario para hallar su mejor versión y, para los amantes de las señales y “cábalas”, repetir el fallido debut de 2010, cuando consiguió su primer título.
España cierra el Mundial con siete triunfos en fila, venciendo a los mejores: sacó a la Portugal de Cristiano Ronaldo (última campeona de la UEFA Nations League), a la Francia de Mbappé (finalista de los últimos dos Mundiales), y a la Argentina de Lionel Messi (el último campeón). La Roja fue superior a todos.
Más descansada, con más piernas, España impuso condiciones desde el comienzo en la final. Sometió a Argentina, no con llegadas claras, pero sí con el control del balón y del juego.
Tuvo tanto la pelota la Roja que Messi pareció borrado de la cancha. Argentina quedó reducida a una sombra, intentando cortar el circuito de pases ante un equipo que siempre parecía jugar con un jugador más para tocar el balón. Aun así, solo Yamal y Oyarzabal probaron las manos de Emiliano Martínez en la primera etapa, con dos remates controlados con calma por el portero argentino.
La Albiceleste sintió el desgaste (físico y emocional) de las fases anteriores muy rápido. Lisandro Martínez tuvo que pedir el cambio en la primera etapa y en la segunda fue el turno de Cuti Romero.
Ese complemento acentuó aún más los pros y contras de uno y otro. España dominó aún más el balón y Argentina sufrió aún más el partido. Scaloni cambió el mediocampo para intentar pelear más la tenencia del balón, pero en el tablero de ajedrez que fue el MetLife Stadium mandó el profesor sobre el alumno. De la Fuente tuvo siempre el control del juego y sus cambios fueron, en el final, la clave del triunfo.
“Dibu” Martínez se vistió de héroe ante Olmo, Baena y los ingresados Ferrán Torres, Pedri y Nico Williams. Tuvo su chance hasta Cubarsí con un remate que despejó el portero argentino. Tan al límite llevó España a Argentina que en el tiempo añadido Enzo Fernández llegó tarde a un balón dividido y dejó a la Albiceleste con 10 hombres.
La actuación de Martínez bajo los tres palos contrasta con la de Unai Simón. No porque el portero español haya tenido un mal partido, sino que ni siquiera fue exigido. Argentina llegaba a la final siendo el equipo más goleador del torneo, habiendo marcado por lo menos dos tantos en todos sus encuentros, pero se fue del estadio sin haber podido poner a prueba una sola vez al arquero de España. Y eso también es estilo, porque para tener el balón hay que recuperarlo, y nadie lo recuperó mejor que España, que termina el Mundial con la valla menos vencida en toda la historia de la competencia.
España continuó su dominio en el tiempo extra, con menos claridad, pero igual insistencia, ante una Argentina que se defendía sin piernas y con el corazón de campeón intacto, como aguantando golpes contra las cuerdas esperando una distracción del rival. Sin embargo, el error de la Roja nunca llegó, y el gancho al mentón llegó en los primeros segundos del último tiempo extra.
Lo que no pudieron Williams y Merino de cabeza lo consiguió Ferrán Torres, quien encontró en el punto penal un baló