Por Brad Lendon, CNN
Mientras el presidente Donald Trump considera la posibilidad de ordenarles a los buques de la Marina de EE.UU. que escolten a los petroleros a través del estrecho de Ormuz, los analistas navales e historiadores tienen una clara sensación de “esto ya lo hemos hecho”.
Hace casi 40 años, los buques de guerra de la Marina estadounidense se enfrentaban al mismo enemigo al que se enfrentan ahora: la Marina y las fuerzas navales del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI).
La llamada guerra de los Petroleros de finales de la década de 1980 presentó algunas de las mismas armas y problemas a los que se enfrentaría hoy una fuerza de escolta estadounidense, y ofrece lecciones sobre cómo, en la guerra, las cosas pueden salir mal rápidamente de maneras inesperadas, con consecuencias mortales.
Aquí les mostramos cómo se desarrollaron los acontecimientos.
Las semillas de la guerra de los Petroleros se sembraron en 1980, cuando el líder secular de Iraq, Saddam Hussein, receloso del Gobierno revolucionario teocrático de Irán liderado por el ayatola Ruhollah Jomeini, lanzó una invasión a su vecino oriental.
Tras los avances y retrocesos de ambos bandos a principios de los años ochenta, la situación había llegado a un punto muerto en la guerra de desgaste en 1984. Fue entonces cuando Hussein decidió cambiar de táctica y atacar los petroleros iraníes, con el objetivo de dañar la economía de Teherán y, con suerte, lograr que las potencias mundiales intervinieran para proteger el acceso al petróleo.
Iraq utilizó aviones armados con misiles para atacar la infraestructura petrolera iraní en la isla de Kharg (el mismo lugar donde Estados Unidos bombardeó instalaciones militares en los últimos días). Irán respondió atacando buques mercantes neutrales que transportaban suministros y armas a Iraq, muchos de ellos a través de Kuwait, en el extremo norte del golfo Pérsico.
“Iraq comenzó entonces a atacar a los buques cisterna que iban y venían de la isla de Kharg, y así comenzó la ‘guerra de los Petroleros’”, escribió el historiador Samuel Cox en un libro de historia de 2019 para el Comando de Historia y Patrimonio Naval de Estados Unidos (NHHC, por sus siglas en inglés).
Los ataques a buques por parte de ambos bandos aumentaron considerablemente en los dos años siguientes, y en noviembre de 1986, Kuwait, cansado de ver cómo atacaban sus barcos, solicitó ayuda extranjera para protegerlos.
La Unión Soviética fue la primera en prestar ayuda, escoltando buques cisterna a través del Golfo.
Washington, para no perder influencia frente a Moscú, ideó un plan para cambiar la bandera de los barcos kuwaitíes a estadounidense, lo que les permitiría obtener protección de la Marina de Estados Unidos bajo la ley federal.
Para el verano de 1987, numerosos buques de la Marina y la Guardia Costera de Estados Unidos se habían adentrado en el Golfo para escoltar a los antiguos petroleros kuwaitíes.
Pero incluso antes de que comenzaran las misiones de escolta, los marineros estadounidenses se encontraron en peligro.
En la noche del 17 de mayo de 1987, la fragata de misiles guiados USS Stark se encontraba patrullando en el centro del golfo Pérsico, justo afuera de una zona de exclusión de guerra, cuando un avión de guerra iraquí supuestamente confundió el buque de guerra estadounidense con un objetivo iraní y disparó dos misiles antibuque Exocet contra él.
“Los dos misiles mataron en el acto a 29 miembros de la tripulación del Stark, ocho fallecieron a causa de sus heridas y quemaduras, mientras que otros 21 resultaron heridos”, escribió Cox, del NHHC.
“El esfuerzo del Stark por controlar los daños fue sencillamente heroico”, escribió. A pesar de las bajas y de que la tripulación