Por Ivana Kottasová y Svitlana Vlasova, CNN
Rostyslav Lavrov sabía que tenía que escapar. Estaba atrapado en una academia naval rusa en la Crimea ocupada, adonde fue enviado a los 16 años después de que las fuerzas de Moscú tomaran el control de su ciudad natal en la región ucraniana de Jersón. La escuela incluso había intentado darle un nuevo certificado de nacimiento —ruso— para consolidar su transformación en ruso.
Estaba decidido a no permitir que eso ocurriera. Así que, un día de octubre de 2023, Lavrov dijo que salió de su dormitorio y emprendió un viaje secreto de regreso a Ucrania.
Ahora, con 19 años y viviendo en Kyiv, Lavrov es uno de los aproximadamente 2.000 niños y adolescentes ucranianos que han regresado a su país de origen después de haber sido deportados por la fuerza, trasladados ilegalmente o haber quedado varados en Rusia, Bielorrusia o en zonas de Ucrania ocupadas por Rusia.
Muchos de ellos, como Lavrov, tuvieron que salir de manera clandestina porque hacerlo con permiso ruso es casi imposible.
Ucrania ha movilizado al mundo en torno a este tema, construyendo coaliciones internacionales para intentar presionar a Rusia a cooperar. Pero su éxito ha sido limitado. Menos de una cuarta parte de los 2.000 niños que han regresado hasta ahora lo hicieron por canales oficiales: 83 con la ayuda de Qatar y 19 mediante un plan encabezado por la primera dama de Estados Unidos, Melania Trump.
El plan de escape de Lavrov llevaba tres meses en marcha cuando finalmente cruzó por última vez las puertas de la escuela rusa.
Había logrado, en secreto, ponerse en contacto con voluntarios de Save Ukraine, un grupo que rescata a niños atrapados en Rusia y en territorios ocupados por Rusia. Ellos se pusieron manos a la obra, organizando su salida.
“Elegí un día en el que tenía (clases) en otro edificio. Me levanté por la mañana, me puse el uniforme e hice todo con normalidad para que pensaran que iba a estudiar”, dijo Lavrov a CNN, y añadió que voluntarios de Save Ukraine lo estaban esperando para recogerlo en un lugar cercano.
“No me llevé nada conmigo para evitar llamar la atención. Estaba nervioso en los puestos de control, pero traté de mantener la calma y no demostrarlo”. No está seguro de cuánto tiempo tardó exactamente en llegar a territorio controlado por Ucrania, pero calcula que fueron dos días. Más tarde descubrió que el viaje quizá fue incluso más arriesgado de lo que pensaba: las autoridades rusas lo habían declarado “desaparecido y buscado”.
Mykola Kuleba, fundador de Save Ukraine y exdefensor del pueblo para la infancia de Ucrania, dijo que la fuga de Lavrov no era inusual por su naturaleza.
“Es como una operación especial para cada niño”, dijo, pidiendo a CNN que no revele demasiados detalles para no poner a nadie en riesgo. “No trabajamos con las autoridades rusas ni con ningún funcionario en los territorios ocupados, porque es realmente peligroso”, dijo, explicando que, según su experiencia, darles cualquier información conduce a complicaciones. Una vez que Moscú sabe que Ucrania quiere a un niño en particular, hará todo lo que pueda para impedir que regrese, aseguró.
Yulia Dvornychenko vivió de primera mano este tipo de presunta obstrucción rusa.
Fue separada de sus hijos, Danylo, entonces de 17 años, y Mark, de 9, cuando fue arrestada en 2021 en su casa en Torez, una ciudad del este de Ucrania ocupada por separatistas prorrusos desde 2014. Fue acusada de ser una espía ucraniana. Es viuda, y su nueva pareja fue arrestada junto con ella, por lo que le dijeron que sus hijos serían enviados a un orfanato ruso a menos que firmara una confesión falsa, cosa que hizo.
Dieciocho meses después, fue liberada en un intercambio de prisioneros de guerra. Mark seguía en Torez, viviendo con una amiga de