Por Sandee LaMotte, CNN
Casi el 40 % de las frutas y verduras no orgánicas cultivadas en California contienen rastros de pesticidas que son también PFAS, o “sustancias químicas eternas”, según una nueva investigación.
California suministra casi la mitad de las verduras y más de tres cuartas partes de las frutas y frutos secos que se consumen en Estados Unidos.
Las sustancias perfluoroalquílicas y polifluoroalquílicas, o PFAS, reciben el nombre de “sustancias químicas eternas” debido a que sus fuertes enlaces moleculares de carbono y flúor pueden tardar años, décadas —e incluso siglos— en descomponerse por completo en el medio ambiente. Se estima que en la actualidad existen cerca de 15.000 tipos de sustancias químicas fluoradas, o PFAS.
“El pesticida a base de PFAS es el ingrediente activo de estos productos porque resulta eficaz para eliminar organismos; y esa es precisamente la razón por la cual representa una preocupación tan grande para la salud pública y para el medio ambiente en general”, afirmó Bernadette Del Chiaro, vicepresidenta sénior de operaciones en California del Environmental Working Group (EWG), una organización de defensa de la salud que analizó el informe publicado este miércoles.
“Lamentablemente, no existe forma de contener el daño”, señaló Del Chiaro. “No podemos limitarnos a dañar las esporas de moho o los insectos presentes en un melocotón sin dañar, potencialmente, al niño pequeño que se come ese melocotón. El hecho de que estemos rociando intencionadamente sustancias químicas eternas sobre los productos agrícolas que compramos en el supermercado es algo verdaderamente revelador”.
Fabricados desde la década de 1940 para dotar a los productos de propiedades antiadherentes, resistentes a las manchas y repelentes al agua, los PFAS históricos se han vinculado con el cáncer, la obesidad, las enfermedades tiroideas, el colesterol alto, la disminución de la fertilidad, el daño hepático, la alteración hormonal y los daños al sistema inmunológico, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA). Varias de estas sustancias químicas pueden causar daños a niveles de una milmillonésima de gramo.
Los pesticidas más recientes a base de PFAS también muestran efectos preocupantes en las células humanas y en los sistemas reproductivos y nerviosos de los animales, si bien los niveles de exposición resultan difíciles de determinar. Por ejemplo, el fludioxonil —que se añade a los productos agrícolas tras la cosecha para prevenir la aparición de moho y hongos— ha provocado la muerte de células humanas y daños en el ADN en pruebas de laboratorio. “Dado que no va a llover para arrastrar ese pesticida PFAS, la situación se vuelve un tanto preocupante”, afirmó Nathan Donley, director de ciencias de la salud ambiental del Centro para la Diversidad Biológica, una organización sin fines de lucro dedicada a la defensa y preservación de especies en peligro de extinción, con sede en Tucson, Arizona.
“Estos son los alimentos que realmente nos aportan nutrientes y con los que alimentamos a nuestros hijos; por lo tanto, este es el último lugar donde uno desearía encontrar este tipo de contaminación”, señaló Donley, quien no participó en el análisis realizado por el EWG. “Y creo que la mayoría de la gente no tiene ni la menor idea de que esto está ocurriendo”.
El informe del EWG reveló que los niveles más elevados de fludioxonil se hallaron en los limones, superando 1 parte por millón, seguidos por los duraznos, las nectarinas, las peras, las ciruelas, los arándanos y los albaricoques (damascos). Además, se detectó fludioxonil en el 90 % de las muestras analizadas de nectarinas, duraznos y ciruelas.
“La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria también considera que el fludioxonil es una sustancia química disruptora endocrina que ha causado daños al sistema reproductivo en animales”, comentó Varun Subramaniam, coautor del inf