Por Dr. Jamin Brahmbhatt
La muerte del campeón de la NASCAR Cup Series Kyle Busch, cuya familia informó que padecía una neumonía grave que derivó en sepsis, ha reavivado las interrogantes en torno a una afección de la que muchas personas han oído hablar, pero que pocas comprenden plenamente.
La sepsis es más común y más impredecible de lo que la mayoría de la gente imagina.
Como urólogo, atiendo con frecuencia a pacientes que llegan a la sala de urgencias con cálculos renales infectados. A menudo, los síntomas habían comenzado días antes: dolor en el flanco, fiebre, escalofríos, náuseas o una sensación general de que algo no iba bien. Para cuando llegan a urgencias, algunos presentan un aspecto visiblemente enfermo: frecuencia cardíaca elevada, presión arterial baja, cansancio y, en ocasiones, confusión.
Esto ya no es una simple infección. Se trata de sepsis: la respuesta extrema del organismo ante una infección.
La neumonía no es la única infección que puede desencadenar una sepsis. Una infección cutánea que se extiende progresivamente y acelera el ritmo cardíaco, una infección del tracto urinario que provoca una caída repentina de la presión arterial, un cálculo renal infectado que eleva la temperatura corporal… estos casos dejan de ser meras infecciones. Podrían ser sepsis.
Aproximadamente 1,7 millones de adultos en Estados Unidos desarrollan sepsis cada año, y al menos 350.000 fallecen durante su hospitalización o son dados de alta para recibir cuidados paliativos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). La sepsis contribuye a más de un tercio de las muertes hospitalarias en este país.
Sin embargo, el nivel de concienciación pública sigue siendo sorprendentemente bajo. Muchas personas aún no reconocen los síntomas ni son conscientes de que infecciones comunes pueden desencadenar esta afección.
Cuando el equipo médico sospecha que se trata de sepsis, comienza una carrera contrarreloj. Administramos líquidos por vía intravenosa y antibióticos de amplio espectro durante la primera hora, y posteriormente buscamos el foco de la infección original.
He visto a pacientes llegar apenas capaces de articular palabra y, pocas horas después, estar sentados en la cama pidiendo agua. No obstante, no todos los casos siguen el mismo curso. Algunos llegan en una etapa temprana y reciben un tratamiento intensivo, pero aun así terminan ingresados en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
La sepsis puede ser impredecible, y es precisamente por ello que su detección temprana resulta tan crucial.
Muchas personas conciben las infecciones como afecciones que se limitan a una sola parte del cuerpo. La neumonía afecta a los pulmones. Una infección urinaria afecta a la vejiga. Una infección cutánea permanece en la piel.
A veces, esto es cierto. Sin embargo, cuando se desarrolla una sepsis, la respuesta del organismo puede volverse mucho más intensa y generalizada que la infección original.
La sepsis es comparable a un incendio en una cocina que activa los rociadores de emergencia en todo un edificio. El problema inicial puede surgir en un área específica, pero, de repente, la respuesta de emergencia se propaga mucho más allá de lo previsto o necesario. El cuerpo intenta contener la amenaza; no obstante, en ciertas situaciones, la respuesta inflamatoria se vuelve tan extensa que la presión arterial desciende, los niveles de oxígeno se ven comprometidos y los órganos comienzan a fallar.
Precisamente esto es lo que hace que la sepsis sea tan peligrosa. La infección es importante, pero la respuesta del organismo lo es tanto o más.
El fallecimiento de Busch ha puesto el foco de atención en la neumonía; sin embargo, esta es solo una de las posibles causas de la sepsis.
La neumonía se produce cuando una infección y la inflamación afectan a los pulmones, dificultando el transpo