Por Gonzalo Zegarra, CNN en Español
Al día siguiente del ataque estadounidense que sacudió a Venezuela, la hoy presidenta encargada, Delcy Rodríguez, habló de una relación “equilibrada y respetuosa” con Estados Unidos, al que invitó a trabajar en “una agenda de cooperación”. Tres semanas después y luego de ofrecer concesiones a lo largo de los días, la líder chavista ha endurecido su retórica hacia la Casa Blanca, especialmente cuando se dirige a su público interno, en un complicado equilibrismo político.
“Ya basta de las órdenes de Washington sobre los políticos en Venezuela”, dijo el domingo ante un grupo de trabajadores petroleros. El lunes, insistió en la no subordinación a EE.UU.: “No tenemos miedo a relaciones de respeto”.
El discurso no encaja con lo que se dice en la capital estadounidense ni con lo que pone en la práctica el chavismo. A mediados de enero, la portavoz de la Casa Blanca afirmó que el Gobierno de Venezuela ha cumplido con “todas las exigencias y solicitudes” de la administración de Donald Trump, quien luego elogió a la presidenta por mostrar “un liderazgo muy fuerte”. A su vez, Rodríguez anunció la propuesta de una reforma a la ley orgánica de hidrocarburos, una de las principales demandas de EE.UU.
“Hemos observado un cambio en el tono del discurso. Hay que comprender en qué contexto se siguen diciendo las cosas y la audiencia que recibe ese mensaje”, dijo a CNN Oswaldo Ramírez, director de ORC Consultores, fundada en Venezuela.
El analista explicó que ante un público empresarial se muestra dispuesta a cambiar la legislación para permitir las inversiones petroleras, pero en los mítines chavistas “vemos un cambio hacia una retórica clásica antiimperialista, de confrontación” y de no aceptar un tutelaje de la Casa Blanca. “Hay que hacerse la pregunta de si está tratando de evitar un deslave, azuzar el descontento que puede existir en esas filas” de seguidores, remarcó.
El público nacional al que se dirige agregó Ramírez, puede dividirse en dos grandes audiencias: el núcleo duro chavista, que según sus últimos estudios está en un 15 % de la población, y en los cuarteles, aunque aclara que va más hacia la cúpula y no a los soldados sin poder de decisión.
“Delcy no lo tiene fácil”, dijo a CNN la analsita venezolana Carmen Beatriz Fernández, CEO de la consultora DatastrategIA, quien afirma que la presidenta había bajado el tono de sus declaraciones cuando Trump amenazó con un segundo ataque. “Está en una posición de equilibrista, sumamente inestable. Tiene que satisfacer demandas de Trump y no quedar mal con las bases del chavismo que, aunque estén disminuidas, es lo único a lo que puede aferrarse”, explicó.
Para Fernández, el viraje discursivo llega en un momento en que sobrevuelan las dudas sobre ella y su hermano, Jorge Rodríguez, titular de la Asamblea Nacional, por una presunta complicidad en el ataque militar estadounidense que llevó a la captura de Nicolás Maduro. “Sobre Delcy está la sombra de la traición, y en menor medida sobre Diosdado (Cabello, ministro del Interior) y (el ministro de Defensa, Vladimir) Padrino. Las bases chavistas han quedado descolocadas ante esta situación. Ahora (Rodríguez) está tratando de dar unos gritos altisonantes”, afirmó.
Ramírez también habla sobre las interrogantes que siguen abiertas sobre el operativo militar y cómo se reconfigura el escenario político. “Está todavía en proceso de recálculo sobre lo que pasó el 3 de enero. Qué facciones hay, cómo se reparte la participación del negocio petrolero. Tras estas acciones, no ha terminado de aclar