Por Betiana Fernández Martino y Iván Pérez Sarmenti, CNN en Español
Cuando el pastor Sergio Amezcua entendió que su iglesia tenía que hacer algo por los migrantes de su comunidad en Minnesota, el miedo ya se había instalado en las calles. Las redadas del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) ocurrían cada vez con mayor frecuencia y sin importar la hora del día. Los vecinos habían comenzado a organizarse para alertarse mutuamente sobre la presencia de agentes federales, y hasta algo tan cotidiano como la salida de los niños de la escuela había dejado de ser un momento seguro.
“Nosotros pensábamos que el gobierno realmente iba a buscar gente criminal, gente que quiere hacer daño, pero no, ellos están arrestando a latinos legales, con documentos y sin documentos”, dice Amezcua a CNN.
En su iglesia, Amezcua empezó a notar las ausencias. Fieles que dejaban de asistir a la parroquia, padres que preferían no enviar a sus hijos a la escuela por temor a encontrarse con agentes de ICE en el camino. Fue entonces cuando decidió que la congregación debía ir hasta las casas de quienes ya no se atrevían a salir. Organizaron una red para llevar alimentos a las familias encerradas por el miedo.
“Subimos un enlace en las redes sociales para que las familias se anoten pensando en apoyar a 10 o 20 familias”, explica el pastor.
La respuesta fue inmediata y abrumadora, según Amezcua. En apenas un día, 2.000 familias se inscribieron para recibir ayuda. Hoy, la iglesia coordina la entrega de más de 100 toneladas de comida cada semana, sostenida por una red de voluntarios y donaciones que no deja de crecer.
Amezcua es mexicano, tiene 24 años viviendo en Minnesota y cuenta que en todo este tiempo no había visto nada igual. “Realmente tenemos una crisis humanitaria como lo vive Siria, como lo viven otros países, pero ahora lo estamos viviendo acá en Minneapolis. Gracias a Dios, los vecinos, los residentes de Minnesota están en contra de todo esto y tenemos más de 4.000 voluntarios que nos ayudan a empacar y a entregar la comida, así como bancos de comida apoyándonos y diferentes organizaciones que nos ayudan donaciones para sacar esto adelante”, relata.
El martes pasado, la rutina escolar de Liam Conejo Ramos terminó de forma abrupta. El niño de cinco años regresaba del preescolar a su casa, en el suburbio de Columbia Heights, en Minneapolis, cuando fue detenido por funcionarios de ICE.
Esa tarde, un agente federal enmascarado sostenía la mochila de Spiderman del niño mientras subía a una camioneta negra cubierta de nieve. Más tarde, Liam subiría a un avión con su padre, Adrián Conejo, rumbo a un centro de detención familiar en Texas, a más de 1.900 kilómetros de Minnesota.
Horas después de la detención de su esposo e hijo, la mamá de Liam se comunicó desesperada con el pastor Amezcua porque sabía que él organizaba ayuda para los migrantes.
Al momento del arresto, el Departamento de Seguridad Nacional (DSH, al que pertenece ICE) dijo que la “supuesta madre de Liam se negó a hacerse cargo de su propio hijo” a pesar de “múltiples intentos de que la madre dentro de la casa se hiciera cargo de su hijo”.
Pero la madre de Liam, quien está embarazada y también tiene un hijo adolescente, estaba “aterrada” de los agentes fuera de su puerta, explica el pastor, que asegura que los vecinos le aconsejaron a la madre de Liam que no saliera de su casa por temor a que la detuvieran.
“Vivimos los arrestos con mucha incertidumbre. Estuvimos hablando con el jefe de policía, estuvimos hablando con el condado, con abogados. La madre me contó que hoy se está usando a su hijo de carnada para querer arrestarla a ella, que es una mujer embarazada, y para arrestar a su hijo también”, dice Amezcua.
A diario, el pastor recib