Análisis por Aaron Blake, CNN
Después de que el presidente Donald Trump dijera de forma sorpresiva el miércoles que había asegurado el “marco de un acuerdo futuro” sobre Groenlandia, casi todos los involucrados guardaron un silencio notable sobre lo que implicaba.
Consultado para que detallara los términos, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, se limitó a remitir al posteo de Trump en redes sociales, que prácticamente no incluía ninguno.
Cuando Kaitlan Collins, de CNN, le preguntó a Trump si el acuerdo cumplía su exigencia de “poseer” Groenlandia, el presidente hizo una pausa y evitó responder. En su lugar, dijo: “Es un acuerdo a largo plazo”. Lo calificó de “infinito” y agregó: “Es un acuerdo que es para siempre”.
Esa respuesta parece reveladora en más de un sentido.
Trump no solo evitó de manera significativa la pregunta sobre su exigencia central (que aparentemente dejó de lado), sino que además se refirió a un aspecto del marco que ya existe en un acuerdo de seguridad que Estados Unidos mantiene con Dinamarca, país que controla Groenlandia.
Ese acuerdo, firmado en 1951, ya permitía una presencia militar estadounidense en Groenlandia a perpetuidad. Sin embargo, Trump sigue hablando de ello como si se tratara de un gran avance.
“No hay límite de tiempo”, repitió el jueves por la mañana en Fox Business Network.
De hecho, aunque todavía hay mucho por conocer sobre los detalles —y esos detalles aún deben pulirse—, CNN informó el jueves que todavía no existe ningún documento formal. Gran parte de lo que se sabe hasta ahora suena muy parecido a lo que Estados Unidos ya tenía.
Y eso, a su vez, hace que todo parezca mucho a que Trump cedió.
Esto es lo que creemos saber sobre el marco, que por ahora sigue siendo solo un entendimiento verbal entre Trump y Rutte:
- Incluye conversaciones para actualizar el acuerdo de 1951.
- Trump afirmó que permitiría “acceso total” para la defensa, incluida la instalación del sistema defensivo Cúpula Dorada, similar al de Israel.
- El acuerdo actualizado podría incluir disposiciones específicas que prohíban a Beijing y Moscú operar en Groenlandia, sugirió un vocero de la OTAN.
- También parece contemplar un rol reforzado de la OTAN en Groenlandia.
- Hay señales contradictorias sobre si el acuerdo incluye un mayor acceso de Estados Unidos a los minerales de Groenlandia, algo que Trump también ha planteado como prioridad.
Estas serían concesiones importantes. Salvo que, en gran medida, parece que Estados Unidos ya las tenía, o podría haberlas conseguido con mucha menos coerción.
En lo que respecta a la soberanía sobre las bases estadounidenses, el acuerdo de 1951 ya permitía que Estados Unidos “ejerciera jurisdicción exclusiva sobre (sus) áreas de defensa en Groenlandia”. (Hubo algunas actualizaciones en 2004).
Siempre que no se violara la soberanía danesa, Estados Unidos podía mejorar y desarrollar las áreas de defensa, instalar y mantener equipos, desplegar personal, brindar seguridad, tener oficinas postales y tiendas de provisiones, y controlar las entradas, salidas y operaciones de barcos y aeronaves.
El acuerdo también otorgaba a Estados Unidos libertad total para desplazarse entre las áreas de defensa. Incluso establecía que las leyes de Dinamarca no podían usarse para impedir que personal clave y sus familias entraran o salieran de esas áreas.
Es posible que el nuevo acuerdo incluya todavía más libertad para Estados Unidos. Pero ya se trata de un margen muy amplio.
En cuanto a los otros puntos mencionados, no está claro qué de todo eso no podría haberse negociado sin las amenazas de invasión militar de Trump u otras formas de coerción, como su reciente anuncio de aranceles, que enfureció a Europa y sacudió los mercados antes de que retirara la amenaza.
De hecho, Groenlandia, Dinamarca