Por Aaron Blake, CNN
El presidente de EE.UU. Donald Trump dio un giro significativo en su búsqueda de control sobre Groenlandia el miércoles, cuando descartó el uso de la fuerza militar, una opción que él y su equipo habían reservado previamente.
Hablando en el Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, Trump reiteró sus polémicos planes de tomar el control de la gran isla, que es un territorio semiautónomo de Dinamarca. Trump ha dicho que debe estar bajo control de EE.UU. por la seguridad tanto de Estados Unidos como del mundo.
Pero afirmó que cumplir esas ambiciones no implicaría el uso de la fuerza.
“Probablemente no obtendremos nada a menos que decida usar fuerza y poder excesivos, donde seríamos, francamente, imparables”, dijo Trump, antes de agregar: “Pero no lo haré”.
Poco después sugirió que hablaba en serio, calificándolo como “probablemente la declaración más importante que he hecho, porque la gente pensaba que iba a usar la fuerza”.
“No tengo que usar la fuerza. No quiero usar la fuerza. No usaré la fuerza”, dijo Trump.
Trump reiteró pronto su promesa, diciendo a los periodistas durante una reunión bilateral: “Las Fuerzas Armadas no están sobre la mesa. No creo que sea necesario”, agregando que cree que “la gente va a usar mejor juicio”.
¿Entonces, dónde nos deja esto?
Trump comentó mientras hacía esta promesa que todos los presentes decían: “Oh, bien”.
Y seguramente hay algo de verdad en eso.
La negativa previa del Gobierno a descartar esa opción había inquietado no solo a Groenlandia y Dinamarca, sino a toda la alianza occidental.
Su promesa, si la cumple, hace mucho menos probable la antes impensable perspectiva de que Estados Unidos invada efectivamente a un aliado de la OTAN.
En otras palabras, sus comentarios marcaron un cambio estratégico y un retroceso para la Casa Blanca.
A principios de este mes, cuando el subsecretario general de la Casa Blanca Stephen Miller fue consultado por Jake Tapper de CNN sobre tomar Groenlandia por la fuerza, respondió ominosamente que “nadie va a pelear contra Estados Unidos por el futuro de Groenlandia”.
La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, siguió diciendo que “utilizar a las Fuerzas Armadas de EE.UU. siempre es una opción disponible para el comandante en jefe”.
Cuando se le preguntó la semana pasada si descartaría el uso de las Fuerzas Armadas, Trump dijo: “No hablo de eso”.
Y en una carta reciente al primer ministro de Noruega, Trump incluso sugirió que el desaire al Premio Nobel de la Paz lo hacía menos propenso a “pensar puramente en la Paz”, lo que muchos interpretaron como una amenaza.
El retroceso de Trump llega notablemente después de que viéramos algo bastante inusual el martes: líderes extranjeros enfrentándose a él y hablando de unirse para resistir a Estados Unidos.
El primer ministro de Canadá Mark Carney advirtió que las acciones de Trump estaban destruyendo el orden internacional basado en reglas, y agregó: “Las potencias intermedias deben actuar juntas, porque si no estamos en la mesa, estamos en el menú”.
El presidente de Francia Emmanuel Macron denunció que Trump usara aranceles como “palanca contra la soberanía territorial” y dijo: “Preferimos el respeto a los bullies”.
El primer ministro de Polonia Donald Tusk publicó en X: “Europa no puede permitirse ser débil, ni ante sus enemigos ni ante sus aliados. La complacencia no da resultados, solo humillación”.
Los comentarios de Trump también llegaron después de que varios republicanos la semana pasada se manifestaran en contra de la Read more