Por Clare Duffy, CNN
En enero de 2025 el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, dijo que estaba ansioso por contar con un aliado en la Casa Blanca para enfrentar regulaciones extranjeras que, según él, estaban “empujando” a las empresas tecnológicas estadounidenses a “censurar más” contenido.
Eso ocurrió pocos días antes de la investidura de Donald Trump, y el presidente ha estado dispuesto a asumir ese papel. Esto ha derivado en un pulso cada vez mayor entre Estados Unidos y la Unión Europea que podría pesar cada vez más sobre su relación.
El presidente de EE.UU. ha presionado a la Unión Europea y a otros gobiernos extranjeros para que reduzcan la regulación de las empresas tecnológicas estadounidenses, al tiempo que promueve menos controles dentro del país. Su Gobierno intensificó esos esfuerzos el mes pasado al amenazar con penalizar a empresas tecnológicas europeas y buscar bloquear la entrada a Estados Unidos de destacados investigadores en seguridad tecnológica y de un regulador.
Las tensiones crecientes se basan en un desacuerdo fundamental sobre cómo regular a las empresas tecnológicas. Los reguladores europeos, líderes globales en legislación sobre tecnología, consideran que ciertos controles fomentan la seguridad en línea, la libertad de expresión y la competencia en la industria. Estados Unidos ha adoptado en gran medida un enfoque de no intervención.
Los republicanos, que ahora controlan el Gobierno de EE.UU., han calificado en los últimos años los esfuerzos de moderación de contenidos como “censura”. Y las empresas tecnológicas estadounidenses —molestas por tener que cumplir con nuevos requisitos de la UE o enfrentar multas— podrían estar aprovechando ahora una oportunidad para contraatacar.
Se trata de un conflicto que podría colocar a Silicon Valley en el centro de negociaciones comerciales más amplias entre EE.UU. y la UE este año, especialmente porque el Gobierno de Trump considera que el avance sin trabas en inteligencia artificial es crucial para la economía y la seguridad nacional.
“Hay una especie de colisión… entre las quejas del Gobierno de Trump sobre la censura y el deseo de las grandes empresas tecnológicas de, en algunos casos, desmantelar por completo la legislación digital de la UE”, dijo Lindsay Gorman, directora ejecutiva del programa de tecnología del centro de análisis German Marshall Fund. “Podríamos encaminarnos a un choque mayor, porque los funcionarios de la UE han dicho que no se van a dejar arrollar”.
Esto es lo que sabemos.
La disputa entre Estados Unidos y la Unión Europea por la regulación tecnológica se remonta al primer Gobierno de Trump. Funcionarios estadounidenses criticaron con dureza el Reglamento General de Protección de Datos (GDPR) de la UE tras su entrada en vigor en 2018. Las empresas tecnológicas estadounidenses también habían presionado en contra de esa ley.
Las acciones antimonopolio de la UE contra compañías tecnológicas estadounidenses también dieron lugar a denuncias de discriminación, que los funcionarios europeos negaron.
En 2023 y 2024 entraron en vigor, respectivamente, la Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés) y la Ley de Mercados Digitales (DMA). Estas normas impusieron amplias reglas nuevas sobre la moderación en redes sociales, la publicidad dirigida y la interoperabilidad entre grandes plataformas, además de costosas multas para los gigantes tecnológicos que las incumplan.
Expertos señalan que, en cierto modo, estas leyes buscaban facilitar la vida a las empresas tecnológicas, al evitar que tuvieran que cumplir normas distintas en cada uno de los 27 Estados miembros de la UE. (Trump ha alentado un enfoque similar en Est